«En Cedeira hacen falta más rederas»

Lisi Pérez Villar, profesional cedeiresa del sector, explica los rudimentos del oficio en un taller de la cofradía


CEDEIRA / LA VOZ

Ni liviano ni muy rentable. Así es el oficio de Lisi Pérez Villar, cedeiresa de 51 años, redera desde los 17. «Vengo de una familia en la que nadie trabajaba en el mar, hasta que mi hermana mayor empezó con las redes y yo me incorporé para aprender con ella», cuenta. El arte de atar los aparejos la atrapó en seguida y desde entonces vive su trabajo como una auténtica vocación, como explicó el lunes en el taller «Arte mariñeiro», que impartió por iniciativa de la cofradía de pescadores de Cedeira, dentro del programa de la Festa da Merluza da Volanta, que se celebrará durante el fin de semana.

«Me ofrecí voluntaria [en la Asociación de Redeiras de Cedeira] para dar el taller, me parecía interesante para que se vea cómo trabajamos, porque siempre nos quejamos de que somos invisibles», comenta. Cuando ella comenzó, en las chabolas del muelle, los días de sol salían a la zona del secadero. «La gente nos veía, pero ahora estamos más escondidas, en las naves de los armadores, en el puerto o incluso en el polígono de A Xunqueira, o en bajos particulares, como es mi caso», explica. Percibe, sin embargo, un mayor reconocimiento social, gracias, en buena medida, a la labor de los colectivos y de la Federación Galega de Redeiras Artesás O Peirao, de la que forma parte la asociación cedeiresa.

Demandan mejores tarifas

Las rederas han ganado autonomía. «En los años 60 siempre había un marinero jubilado organizando el trabajo de las mujeres. Por suerte eso cambió», señala. Persisten, no obstante, viejas reivindicaciones, como la aplicación de un coeficiente reductor que les permita jubilarse antes, al sumar, por cada año cotizado, dos meses y medio más, como ocurre con las profesionales del mar. Sí se han producido avances, aunque tímidos, en cuanto al reconocimiento de algunas enfermedades como propias de la profesión. Y falta por resolver el problema del intrusismo, más acuciante en el litoral sur, o las tarifas. «Hacía falta que se actualizaran los precios. Yo soy autónoma y aparte de pagar la Seguridad Social el veinte por ciento se va en impuestos. Tienes que trabajar muchas horas para rentabilizarlo», subraya.

Durante dos décadas, Lisi trabajó para el armador del Pastor y el Santiago Apóstol, dos barcos que alternaban la volanta y los rascos, sus dos especialidades. «Eran cinco días a la semana, ocho horas al día, atando [reparando] aparejos; se hacía una pieza o una y media al día», indica. El trabajo cambió desde hace algo más de diez años: «Antes, el aparejo era mucho más caro, luego se abarató y valía la pena comprarlo hecho [en vez de repararlo] porque sacabas tres piezas al día, el doble que del otro modo».

Cuestión de fuerza (y maña)

Hoy, su labor, centrada en redes de volanta y rascos, consiste en entrallar, es decir, «unir la cuerda con el aparejo». «Es duro, porque las piezas pesan unos 50 kilos y ahora, cuando entrallas, estás todo el tiempo haciendo fuerza. Antes, cuando se ataba [reparar], requería más velocidad y ahora, más fuerza», detalla. Sin olvidar la habilidad, adquirida tras horas y horas de actividad. «En mi caso es muy vocacional -reconoce-, tuve la oportunidad de cambiar de sector y no quise, estoy muy motivada. Para mí es una carrera contrarreloj contra mí misma, el tiempo corre, lo disfruto, las horas se me van volando, te marcas una meta y quieres alcanzarla».

«Lo más duro del oficio es la parte física -apunta esta veterana-, porque manejas muchos kilos; y las enfermedades que provoca, asociadas a la humedad y la carga, como artrosis, artritis o el síndrome del túnel carpiano». Y lo más gratificante, destaca, «la satisfacción de haber hecho lo máximo posible». Además de la flexibilidad, en el caso de las autónomas como ella: «Tienes mucha libertad, te pones tu horario y te permite conciliar la vida laboral y familiar, para el cuidado de niños o de mayores».

Pese a todo, no resulta atractivo. «Ahora mismo hay demanda, en Cedeira hacen falta más profesionales, pero no hay gente con la formación necesaria para incorporarse ni gente interesada».

Nuevo taller «Arte mariñeiro», el sábado

Tras la primera sesión, celebrada el lunes, Lisi Pérez Villar impartirá otra charla sobre sus vivencias como redera el sábado, a partir de las 12.00 horas, en la cofradía de pescadores. Quien desee conocer algo más del oficio de redera puede reservar plaza en osentirmarineiro@confrariacedeira.es o en los números 981 480 389 o 608 926 390. Es gratuito.

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