La sala de juegos desapareció hace años, pero conservan los callos y los churros de los domingos que instauró Aurora Bouza, que fundó el local con su marido, José Ramil
11 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.El 16 de junio de 1951, día del Carmen, Aurora Bouza González y José Ramil Abella inauguraron la cafetería Marineda, del otro lado de la cofradía de pescadores de Cariño, que entonces pertenecía al Concello de Ortigueira. Pero antes ya había una tasca, montada por Manuel Bouza y Encarnación González, los padres de Aurora. «Ya tenían el fabriquín cuando construyeron el primer puerto, mi abuelo iba al mar, cogía centollas y las cocían en bidones grandes de aceite. El vaso de vino costaba una mota, lo mismo que una centolla. Daban comidas a los trabajadores y los ingenieros que estaban con las obras del puerto», relata Luis, el hijo menor de los fundadores del Marineda y actual propietario.
Cuenta que su padre había trabajado en un bar en la calle Olmos, en A Coruña, y al poco de casarse abrió, con su mujer, el local actual —«el bar era el viejo fabriquín»—, con un piso encima, y más adelante (los planos de la ampliación son de 1967) les tocó la lotería (un sorteo semanal) y levantaron dos plantas más. Recuerda que su madre «cocinaba bastante bien» y en una época en la que no estilaban los pinchos, triunfó con las tapas de callos y ensaladilla, los domingos y los festivos. Allí se criaron él y su hermano mayor: «Tengo dormido en el billar [risas]. Había uno de carambola [francés, de tres bolas] y tenía mucha afición, a la gente le gustaba mucho. Tiempo después, en el primer piso, que había quedado sin dividir, hubo una sala de juegos con billar, futbolines, un Pinbal, pimpón...».
Cuando se jubiló su padre, en abril de 1987, Luis tomó el relevo del negocio, que gestionó hasta 2003 (con apoyo de su mujer, María Luisa Rodríguez Martínez, desde 1990) y compró un billar americano, que sustituyó al de carambola, que ya había vendido el fundador. De 2003 a 2016 estuvo al frente del establecimiento «Benigno, un señor de Ortigueira, hasta que se retiró». Y en noviembre de 2017 lo alquilaron los actuales responsables. Pablo Souto Rey, coruñés con raíces en Cariño, militar en la reserva, está al frente del local (al principio era su hermano), con apoyo de su mujer, Carmen Villarnovo Anido, cariñesa «por todos los lados» y maestra.
«Era el sitio donde tomábamos siempre el café, con Benigno», explica Carmen. Comenta que su tío Toñito, ebanista, fue quien revistió de madera las paredes del local. «Nos daba mucha pena verlo cerrado. Siempre fue un lugar de referencia para nosotros, fue nuestra primera muestra de amor a Cariño, queríamos defender este pueblo... Vivíamos en A Coruña y veníamos los fines de semana. Hasta hace dos años, cuando nació nuestro hijo, que ya nos mudamos», relata. Cuentan con cuatro empleados y mantienen costumbres de Aurora: los churros, con la misma máquina que utilizaba ella, colocada a su altura, y los callos de los domingos. «También damos comidas, con menú del día en verano, Semana Santa y Navidad, y el resto del año bajo demanda en el local y también para llevar, por encarga», detalla.
Jugar al dominó y la manilla
En estos años han cambiado el logotipo, han renovado la página web y la imagen del negocio, «conservando al público, mayores y jóvenes, convive gente de 80 y de 18, unos jugando al dominó [es típico, igual que las partidas de cartas, con preferencia por la manilla] y otros al Trivial». El invierno se hace largo, aunque el Marineda, que abre todos los días, «tiene una clientela fija». Para Carmen «es parte de Cariño y su cultura, es su alma. Por eso es tan importante mantener las raíces, modernizarlas y, dentro de las posibilidades, ir evolucionando para que sigan vivas».
Luis, el propietario, ha rechazado una oferta de compra: «No lo quiero vender, me lo planteo como un plan de pensiones [...], es de los más antiguos de Cariño, con el Bahía [inaugurado el 21 de diciembre de 1951] y el Garampín [de la cofradía, cerrado]».