Dos cariñeses escalan el espolón del cabo Ortegal, de 80 metros

«Para nosotros fue como haber escalado el Naranjo de Bulnes», comenta Manuel Díaz, que cumplió junto a Rubén Bugliot el reto de ascender la Torre da Lonxa

Rubén Bugliot y Manuel Díaz, en lo alto del Pico da Moreira, con los Aguillóns del cabo Ortegal al fondo
Rubén Bugliot y Manuel Díaz, en lo alto del Pico da Moreira, con los Aguillóns del cabo Ortegal al fondo

CARIÑO / LA VOZ

«Para nosotros fue como haber escalado el Naranjo de Bulnes», comenta Manuel Díaz, cariñés, igual que su cuñado, Rubén Bugliot. Juntos lograron su particular hazaña deportiva, después de las semanas de confinamiento, escalando el espolón del cabo Ortegal, de 80 metros de altura, conocido en Cariño como Torre da Lonxa o Pico da Moreira. «Se había hecho antes, aunque no hay muchas repeticiones. Quien abrió la vía fue Andrés Villar, del Grupo de Rescate Especial de Intervención en Montaña de la Guardia Civil en Cangas de Onís, hace unos años. No es una vía fácil, el acceso es muy complicado, no tiene anclajes y tienes que ir asegurando tú, con friends y fisureros», explica Manuel, de 35 años. Su cuñado tiene 30.

«En total fueron seis horas, desde que dejamos el coche hasta que bajamos, rapelando», cuenta Manuel, aficionado a la escalada. «La que más nos gusta es la clásica o alpina [...]. Depende de ti al cien por cien, por eso tienes que intentar mantener la cabeza fría». La idea surgió durante la reclusión del covid-19 y ahora ya piensan en la posibilidad de crear una escuela de escalada deportiva, aprovechando «el potencial de esta zona, muy poco conocida, por los acantilados».

Además de mente fría, la escalada requiere buen fondo físico. Manuel lo tiene, como demostró el día 20 de junio al completar corriendo los 45 kilómetros que separan Ferrol de San Andrés de Teixido, con su mujer, Verónica Bugliot, otra deportista apasionada, de 32 años. Ambos disfrutaron de la carrera. «Llevábamos agua y gel en los chalecos, y lo hicimos sin parar. Llegamos muy bien, fuimos a un ritmo que podíamos aguantar, sin pasarnos mucho», relata la presidenta del club de montañismo y atletismo Os Corzos de Ortegal.

«Cuando resultó más duro fue al final, al llegar cerca de Cedeira, cuando ves que te faltan 12 kilómetros, vas cansada y encima es cuesta arriba», comenta la corredora. Ella y su marido sustituyeron la carrera al aire libre por una cinta y le colocaron un rodillo a la bicicleta, para no dejar de entrenar durante el confinamiento. A falta de competiciones, se han fijado sus propios desafíos. El de ir de Ferrol a San Andrés corriendo resultó muy gratificante. Cuando llegaron a meta, cuatro horas y 34 minutos después, Verónica solo pensaba en regresar a casa para poder darle el pecho a su bebé, de 11 meses.

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