A nado desde Francia al cabo Ortegal

Dos vizcaínos han culminado en Cariño una travesía de 700 kilómetros por el Cantábrico, a veces a contracorriente y sin más motivo que su pasión por el mar


CARIÑO / LA VOZ

¿Algún voluntario dispuesto a nadar 700 kilómetros por las casi siempre frías aguas del Cantábrico? Jon Ibarrola, socorrista, y Aitor Iturriaga, empleado de una empresa de automoción, vizcaínos del 71, emprendieron hace cuatro años una travesía por la Costa Vasca, que ha acabado en el cabo Ortegal. «Nos gustaba nadar, empezamos con cinco kilómetros, luego diez y después ya por nuestra cuenta, decidimos nadar la costa vasca, desde el límite con Cantabria hasta la desembocadura del Adur, en la frontera con Francia. Son unos 200 kilómetros y los hicimos en 21 etapas, en dos años, porque el otro compañero que empezó, Bittor Zabala, solo podía los fines de semana», cuenta Jon.

La ruta concluyó. «Pero esto no puede parar, hay buen rollo, estamos ilusionados, con subidón... Pues tiramos adelante, el Cantábrico entero», pensaron. Quedaban otros 500 kilómetros por aguas desconocidas, que nadaron, como norma, de oeste a este, a favor de la corriente, aunque a veces el mar se cruza y las olas se desbocan. «Desde Esteiro a Morás [en Xove] nos cambió la corriente y lo pasamos mal, se levantó mar e íbamos para atrás, pero como acumulas experiencias, rompes la corriente y pasas», relata Jon, que ha gastado un par de neoprenos, «comidos» por las horas de sol y el salitre.

Alguna etapa la han completado solos, pero casi siempre han contado con el apoyo desinteresado de algún piragüista, parte básica del equipo. Al principio les acompañó Lander Álvarez de Ulate; después, desde Asturias, varios palistas de un club; y en Ortegal echaron mano del Sanjola, el velero del cariñés Álvaro Carrodeguas, «porque para pasar Estaca de Bares, casi siempre con mala mar, una piragua no te saca del problema si las corrientes te echan a las rocas o a la rompiente». El Cantábrico manda y les obligó a nadar hasta el cabo Ortegal en la penúltima etapa, dejando para el final Estaca de Bares. Culminaron al pie del Coído.

«Ha sido un reto personal, por el gusto de nadar, sin ninguna causa concreta. En algún momento el proyecto nos estaba comiendo, el agua cada vez más fría, no encontrábamos piragüistas, nos entraba angustia, un día parecía bueno y al final se fastidiaba [...]. Nos ha consumido mucho tiempo y energía», reconocen. Pero salvaron todos los bajones, con horas de coche (uno en el punto de entrada al agua y otro en el de salida) y de frío -sobre todo Jon-, algún susto -hasta una pequeña galerna- y etapas de 18 kilómetros (la media rondó los 12) para las que necesitaron ocho horas, cuando debían ser cinco, por la corriente. «Galicia nos ha maravillado, la ría de O Barqueiro, Viveiro, unas playas de arena blanca y agua transparente». Y fría, apostillan. «Lo más bonito es conocer gente con la misma pasión y hacer amistades».

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