De boda, en casa y para diez personas

Una pareja de Cabanas decidió mantener la fecha de casamiento, con una ceremonia íntima, y aplazar la «gran celebración» para dentro de un año

Ángela y Borja, en la suelta de palomas que realizó el padre de la novia, colombófilo, al finalizar la ceremonia en el jardín de su casa
Ángela y Borja, en la suelta de palomas que realizó el padre de la novia, colombófilo, al finalizar la ceremonia en el jardín de su casa

CABANAS / LA VOZ

La pandemia no podía truncar la ilusión de Ángela, de Cabanas, y Borja, de Perbes (Miño), de sellar su relación el 10 del 10 de 2020. Pero sí alteró los planes de esta pareja, que pensaba reunir a unos 160 invitados (algunos procedentes de Madrid, Argentina, Suecia o Inglaterra) en la Finca Montesqueiro, en Oleiros, y acabó juntándose con sus familiares más cercanos en una ceremonia íntima, en el jardín de la vivienda de los padres de la novia, en Cabanas. De boda, sí, pero en casa, con diez personas y guardando la distancia de seguridad. «Salió todo muy bien, muy emotivo, muy sencillo, precioso», resumía Ángela dos días después, junto a su marido, luciendo ya los anillos para los que fundieron las alianzas de oro de sus abuelos en la joyería Fernández, en Sada.

«Jamás me hubiera imaginado la boda así», confiesa Ángela, que de niña soñaba con casarse en la casa de sus abuelos, y se cumplió. La ceremonia la ofició su primo Daniel, concejal en Pontedeume, con los votos escritos y discursos improvisados que nunca se hubieran pronunciado ante 160 personas, con muchas lágrimas y algunas risas. Y el banquete lo prepararon en Casa Toñita, de A Capela, donde habían celebrado sus nupcias sus padres y sus suegros, y con el mismo menú de entonces: cigalas, almejas y carne asada. «Todo delicioso», aplaude. De la tarta se ocupó la pastelería Santy, de Narón, especializada en dulces sin gluten (Ángela y su madre son celíacas); y de los vinos, su hermano.

«Como los patrones en la aldea»

«Recordaba un poco los patrones familiares de la aldea», ríe la novia. Todo se decidió en poco más de una semana. El expediente matrimonial caducaría el 14 de febrero de 2021 y pensaron que «en un año carente de celebraciones, sería un buen recuerdo» para sus seres queridos. Nadie lo olvidará. Ni siquiera el fotógrafo, el sadense Alfonso Hernández (Alfonso Fotografía), quien explica que «el grueso del trabajo de este año se ha trasladado a 2021». De las 40 celebraciones que suele documentar cada temporada, se han salvado apenas diez. La de Ángela y Borja «fue muy emotiva, hacía falta en un año de tantas tristezas». Como profesional, su fuerte es la empatía, detenerse en los gestos y captar la emoción: «Esa es la clave. En este caso fue muy sencilla, diez personas muy queridas en un jardín».

Para Julio Pérez, propietario de la floristería Olmo, en el mercado municipal de Pontedeume, el encargo supuso un reto, «por la forma de trabajar, más personal», decorando el jardín y la bodega de la vivienda. La novia lo acompañó y juntos vistieron el espacio exterior con flor de eucalipto, cardo y paniculata en tonos verdes y blancos. En el interior optaron por la flor de astilbe, «el burdeos, un guiño a la decoración prevista para la gran boda», cuenta Ángela, que llevaba las uñas pintadas de ese color.

El vestido de novia

Este florista no ha parado en todo el verano: «Donde antes se juntaban cinco o seis madres para las primeras comuniones, este año han organizado una cada fin de semana». Para la diseñadora coruñesa Begoña Peñamaría, 2020 está siendo «un año complicado». En el atelier «se han quedado los vestidos colgados, enfundados y sin probar, todos cortados, pero la mayoría sin acabar».

«Vivimos de los festejos, bodas, bautizos o comuniones, y las celebraciones han caído [...]. Algunas novias decidieron continuar con la boda y a otras les preocupa no encontrar fecha en 2021, porque se van a juntar las del 20 y el 21 y hay problemas en pazos y hoteles, porque no hay tantos sábados», apunta. Su marca resiste, gracias a los diseños propios y personalizados, y a la confección de mascarillas.

Ángela ya le había encargado el vestido para «la gran celebración» -que ahora tiene otra fecha, el 4 de diciembre de 2021- e incluso un segundo modelo para «estar más cómoda» la última parte del «gran día». «Fue todo un poco casual -comenta la modista-, me avisó con poquito tiempo a ver si podía hacerle algo rápidamente». En unos pocos días creó «un fantástico vestido camisero en brocado de seda, sin cola y con un precioso cinturón drapeado, un modelo perfecto para una boda así y, sobre todo -remarca-, para una novia tan maravillosa».

En las fotos, la novia aparece radiante. Los invitados le lanzaron pétalos y su padre, colombófilo, realizó una suelta de palomas al acabar la ceremonia. Fue un día de detalles y gestos simbólicos, videollamadas con los amigos para compartir el enlace y «sentimientos a flor de piel», relata Ángela, agradecida. «¿La luna de miel? Una turné por Galicia. Con todo lo que está cayendo, hay que tirar por lo nuestro».

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