«En Las Vegas vivimos de los churros y del chocolate»

Su abuelo montó el negocio El Puente en el muelle eumés y hace 28 años abrió el actual local en Cabanas


cabanas / la voz

La historia de los churros de Las Vegas, en Cabanas, se remonta a hace casi medio siglo. «Mi abuelo materno [José López Sande, de 86 años] abrió la churrería El Puente, en el muelle de Pontedeume, donde estuvo 18 o 19 años. Él y mi abuela emigraron a Suiza y estuvieron unos años en una panadería, allí empezaron a tener contacto con las masas [...] y quitaron la del churro», cuenta su nieto Jesús Piñeiro López, la tercera generación al frente del negocio. De vuelta a casa, «mi abuelo iba a la almeja y atendían la churrería, un cuartito pequeño, como un vagón, con una terraza en la que cabían veinte mesas en verano», relata. Su abuela falleció muy joven y José se dedicó a trabajar para sacar adelante a sus tres hijos, entre ellos Rosa María, que se casó con Jesús Piñeiro, que aprendió el oficio de churrero de su suegro. Juntos acabaron montando la actual churrería Las Vegas, en Cabanas, poco después de que caducara la concesión de El Puente y la demolieran.

Desde entonces han transcurrido 28 años y hace tres que tomó el relevo Piñeiro López (38 años), junto a su mujer, Lorena Barro. «Al principio no cerraban hasta las cinco de la mañana, había karaoke, actuaciones, hamburguesería... Nosotros empezamos a cortar el horario, mi mujer está de siete a doce y media o una, y yo por la tarde, de cuatro y media a ocho [...]. Tenemos un producto que funciona y trabajamos las horas en que sabemos que hay gente. ¡Trabajar toda la vida para ser el más rico del cementerio!», comenta. A él le enseñó su padre a hacer churros: «Llevo aquí veinte años».

¿El secreto de los churros de Las Vegas? «La calidad total del producto, cada semana cambio todo el aceite [de oliva] de la freidora y la harina es muy buena, igual que el chocolate, que trabajamos en fresco, sin añadirle nada. La masa [elaborada con agua, sal y harina] es artesana, con medidas aproximadas dependiendo del día, la forma de trabajar las masas varía de invierno a verano, si hay más humedad o menos».

La clientela es fiel -«la mayoría, por no decir todos, repiten»-, mucha del pueblo, pero también de A Coruña, Narón o Ferrol. De ahí que Jesús haya decidido asociarse con su hermana y su cuñado para abrir otra churrería Las Vegas (marca registrada por la familia) en Narón, junto a la antigua entrada de Megasa. Esperan poder inaugurarla el 1 de octubre y allí ofrecerán un servicio de reparto a domicilio de churros y chocolate, que también probarán en el entorno de Cabanas y Pontedeume. «Es de lo que vivimos». En verano se triplica la población y se multiplican las ventas. «Pero prefiero el invierno -reconoce-, trabajo menos y gano lo mismo. Alguna tarde de domingo en invierno vendimos trece mil churros».

En octubre abrirán un establecimiento en Narón con la misma marca y servicio a domicilio

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