Central térmica de As Pontes


La primera vez que visité la central térmica de Puentes de García Rodríguez (los apellidos de mi madre), como se llamaba entonces, estaba estudiando Químicas en Santiago. En aquellas fechas, además de producir electricidad, en el complejo industrial se fabricaba amoníaco (NH3) y, a partir de él, se obtenía ácido nítrico para producir fertilizantes: nitrato amónico y nitrato amónico cálcico (nitramón cálcico).

Por supuesto, la principal actividad de la central era la de producir electricidad a través de la combustión de lignitos (extraídos al pie de la central) y otros carbones de mayor rendimiento energético. Su espectacular chimenea de 356 metros de altura y un diámetro de 36 metros en la base y 18 en su cima arropa las cuatro chimeneas de los cuatro generadores de energía eléctrica.

Cuando volví, años después, con mis alumnos del Sánchez Cantón, había desaparecido el proceso de fabricación de amoníaco.

Ahora, los propietarios de la central quieren clausurarla. Sería un craso error cerrar la central térmica de As Pontes. No solo por el impacto económico en la zona, sino porque hay que preservar todas las fuentes de producción de electricidad (no solo las renovables), ya que cada vez se necesita más corriente eléctrica. Piensen, por ejemplo, en los coches eléctricos. Si no hay electricidad para recargar las baterías, dejarán de funcionar. Señores empresarios y políticos, reflexionen y salven As Pontes.

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