Lavacolla exige la puesta en valor del patrimonio del Camino en la parroquia

Plantean actuar en varios puntos, entre ellos la fuente de San Paio, el paraje de As Pontes y el castro de Mendes


santiago / la voz

El tramo del Camino Francés, en Lavacolla, dispone de un patrimonio que, a juzgar por su estado de conservación, pasa totalmente desapercibido para los peregrinos. Los vecinos de Lavacolla quieren poner fin a la desilusión que sufren los caminantes al recorrer los kilómetros de la última parroquia rural de Compostela. Manuel Salvado, presidente de la Asociación de Veciños Ruta Xacobea, llama la atención sobre algunos de los puntos en los que «debería actuarse con urgencia». El primer problema se localiza en Amarelle. En este punto, los peregrinos llegan por un camino de tierra paralelo a la pista del aterrizaje del aeropuerto, pero al faltar la señalización del Camino siguen en línea recta hacia el puente sobre la A-54. Si son vistos por algún vecino, corrigen la ruta y no pierden tiempo; en caso contrario, salen hacia la carretera de Oviedo.

La llegada a la aldea medieval de San Paio es desoladora. El área de descanso, restaurada hace unos años, está oculta por la maleza. No es posible ni beber agua de la fuente natural ni buscar la sombra bajo el carballo centenario. La pequeña capilla de San Paio está habitualmente cerrada. Los vecinos proponen recuperar el entorno natural, y colocar una réplica del cruceiro de Bonaval, «que estuvo en Lavacolla entre 1840 y 1962, y que es conocido como el «cruceiro bonito».

Un «ejemplo del feísmo urbanístico», en palabras de Salvado, está en el colegio Rodríguez Xixirei, donde los «contenedores ofrecen una mala imagen, y un olor, en verano, más que desagradable». En el centro de Lavacolla, los peregrinos no pueden visitar la iglesia «del más puro estilo compostelano construida en 1840, porque solo está abierta en las horas de culto». Lamenta Salvado que, pese a estar a solo cien metros, no se haga ninguna referencia al campo de concentración de presos de la Guerra Civil Española «que eran al mismo tiempo la mano de obra gratuita para la construcción del aeropuerto de Lavacolla». El presidente vecinal indica que «sería suficiente un cartel informativo para que los peregrinos sepan que ese edificio fue construido por Gregorio Ambros en 1801 para ser una fábrica de curtidos; y que en 1811 fue comprado por Francisco Rodríguez Abella. Con los beneficios, construyó la nueva iglesia de San Paio de Sabugueira». Salvado reclama «que se ponga en valor el patrimonio de la parroquia para que los peregrinos tenga la oportunidad de conocer los lugares que visitan». A solo 400 metros del centro de Lavacolla, el paraje de As Pontes pasa totalmente desapercibido, pese a coincidir su descripción con la que se recoge en el Códice Calixtino sobre el lugar donde los peregrinos se lavaban antes de seguir hacia Santiago. Tampoco el castro de Mendes, situado en una finca particular, está rotulado. En este caso, los vecinos proponen su compra por parte de la Administración para su puesta en valor. El molino de Os Porrás, rehabilitado hace 17 años, y ahora en estado ruinoso, es otro de los enclaves para los que piden atención. En Vilamaior, el área recreativa con fuente, lavadero y pasarelas de madera fue acondicionada hace 16 años, y actualmente está arruinada y llena de maleza.

Además de los lugares acondicionados hace años y abandonados, los vecinos alertan del estado de abandono de la antigua carretera nacional, cedida al Concello, y que es utilizada por los peregrinos en bicicleta.

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