As Pontes echa un pulso con camiones a la Xunta por el traslado de escolares

Formoso, Pontón y Villares participaron en una protesta de varias localidades

Camiones de As Pontes colapsan Santiago por el conflicto escolar Concentración frente a la Xunta contra el cierre de centros educativos.

Santiago

 Hasta 137 camiones que se dedican al transporte de carbón entre el puerto de Ferrol y la central térmica de As Pontes se declararon ayer en huelga y pusieron rumbo a Santiago para protestar contra la reordenación de centros o unidades educativas en Outes, Ribadavia, O Porriño, Entrimo, Teo y el propio municipio pontés, donde se prevé el cierre escalonado del colegio Monte Caxado. Los vehículos basculantes, de unas 40 toneladas cada uno, no recibieron autorización para entrar en la ciudad, aunque colapsaron los accesos de la zona norte en lo que fue toda una demostración de fuerza de la localidad de As Pontes y de su alcalde, Valentín González Formoso, contra el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo.

Desde As Pontes llegaron a Santiago catorce autobuses que transportaron a unas 700 de las aproximadamente 1.000 personas que participaron en la concentración convocada por la Plataforma Galega en Defensa do Ensino Público y que acabó rodeando el complejo administrativo de San Caetano, mientras en su interior se celebraba la reunión semanal del Consello de la Xunta.

Los manifestantes hicieron sonar silbatos y bocinas, mientras exhibían camisetas y pancartas con lemas como «Queremos estudar no noso cole» y coreaban consignas del tipo «Non ao peche dos centros docentes».

Los camiones de la ACTC, la agrupación de transportistas del carbón, fueron desviados al parque empresarial de Costa Vella para estacionar, pero la mayor parte de los conductores se desplazaron desde allí en dos autobuses para acudir a la protesta. «Estamos unidos, somos 138 camiones trabajando para Endesa y solo faltó uno», manifestó Lolo, chófer del vehículo bautizado como Filgueiras.

El pulso que la localidad de As Pontes le echó a los planes de la Xunta fue secundado por representantes de las comunidades educativas, los sindicatos y las fuerzas políticas de la oposición.

El alcalde de As Pontes y presidente de la Diputación de A Coruña, González Formoso, abanderó la protesta en cabeza, junto a la portavoz nacional del BNG, Ana Pontón, y el portavoz de En Marea, Luís Villares, así como numerosos diputados autonómicos, como el portavoz del PSdeG, Xoaquín Fernández Leiceaga, los viceportavoces de En Marea, el PSdeG y el BNG, Antón Sánchez, Luis Álvarez y Olalla Rodil, respectivamente.

«Viñemos a transmitir a rabia dunha vila», manifestó Formoso a su llegada a la concentración, donde dejó claro que, a su juicio, no existen motivos para cerrar el colegio de As Pontes, pues tiene una matrícula de 265 alumnos, de los que casi 60 son de educación especial, acumula varios premios de «excelencia» y forma parte del programa Abalar. «O aviso de peche caeu como unha bomba», esgrimió.

Formas inaceptables

«É inaceptable a forma de proceder», se quejó por su parte Leiceaga, quien exigió explicaciones al conselleiro de Educación, Román Rodríguez, sobre los criterios que se tuvieron en cuenta para tomar esta decisión. Luis Villares (En Marea) y Ana Pontón (BNG) fueron más allá y pidieron la dimisión del responsable educativo. El primero acusó a la Xunta de llevar a cabo una labor de «exterminio» de los servicios públicos en el ámbito rural y, la segunda calificó de «coitelada polas costas ao ensino público» la reordenación educativa impulsada por la Xunta.

Por su parte, Suso Bermello, de CIG-Ensino, advirtió que no se dará «nin un paso atrás nin a un lado» en este asunto y Fernando Lacaci, de la Confederación de Anpas Galegas, demandó que las comunidades afectadas «teñan a palabra» para decidir su futuro y el tipo de educación que quieren.

Las claves del conflicto con Educación

S. C.
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El modelo de colegio integrado gusta mucho a las familias, pero no al Estado

Hay varias causas que justifican el conflicto generado en distintas localidades gallegas estos días:

el modelo cpi

Un colegio hasta los 16. Los colegios públicos integrados (CPI) son centros que funcionan de una manera similar a la mayoría de concertados: el niño entra con 3 años y sale con 16.

Todos se conocen. No son centros enormes y hay un clima muy agradable en el colegio. Los profesores conocen a todos los niños, y si funciona bien, hay gran cordialidad entre los docentes de primaria y secundaria, con actividades conjuntas que fomentan el sentimiento de pertenencia.

Transición suave. Es una de las claves del éxito del CPI: las familias ven cómo sus hijos de 12 años se quedan en el colegio, no pasan a un instituto con adultos (en muchos se incluye bachillerato, FP y enseñanza de adultos).

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