Buenas razones para quedarse en Redes

Revisamos el paisaje y la arquitectura de esta localidad, quizás la más retratada de la zona


La cultura popular es, muchas veces, anónima. Pertenece a todo un pueblo, y se origina en él. ¿Quién habrá sido el primer ser humano que dijo aquello de «en Ares non te pares, en Redes non te quedes, en Caamouco para pouco»? ¿Hombre o mujer? ¿Resentido o irónico? Todo apunta a que lo segundo, porque Redes es un sitio en el que merece la pena quedarse, con su puertecito abrigado y tan encantador que en los años sesenta y setenta los pintores de la comarca acudían allí, podría decirse que sin excepción: tenías que tener una obra del puerto de Redes para ser considerado pintor.

Así que para comprobarlo hay que coger la carretera a Ares desde la salida de Pontedeume (dirección Ferrol) y desviarse a la izquierda unos minutos después. Hay buena señalización, de manera que la pérdida no entra en el capítulo de lo muy posible. Y las autoridades de Ares han tenido la buena idea de habilitar un estupendo espacio para aparcar, muy bien diseñado y con un parque infantil que no va a quedar otro remedio que visitar si se viaja con infantes: tiene una apetecible tirolina. Eso sí: lástima que la parte trasera de las viviendas que dan a ese aparcamiento no estén al mismo nivel estético que el entorno.

De manera que dejado el coche ahí, ni siquiera se puede decir que se imponga callejear, porque no hay prácticamente calles. El corazón de Redes es esa explanada en su puertecito, con un par de sitios donde reponer fuerzas gastronómicamente hablando, mientras al fondo queda el omnipresente monte Breamo, el enclave romano de Centroña -que no se distingue a esa distancia- y el principio de las Fragas do Eume -que se intuyen-. Una maravilla.

El paisaje cercano cambia mucho según la marea esté alta o baja. Mejor coincidir con lo primero, porque así las escaleras de las viviendas que dan al mar parece que van a ser tragadas por el siempre tímido oleaje. Esas viviendas son dignas, desde luego, pero no se pueden comparar con otras que revelan el espíritu indiano, la ilusión de aquellos que volvieron de América con los bolsillos más o menos llenos y que siempre hacen olvidar a los otros, los que regresaron con lo puesto, cuando pudieron regresar.

Esa huella de la emigración queda patente en dos edificios algo escondidos. Uno es el salón de América, de 1918, en una esquina de la localidad. Y otro, ya en las afueras pero ante el que se pasará cuando se salga del aparcamiento en coche (dirección única), es el de la Instrucción Recreativa de Redes y Caamouco, anterior (1915).

Queda una sorpresa. Si desde la plaza del puerto se toma la ascendente rúa Nova se alcanza tras corto paseo la punta Modias. Ahí fue recuperada de manera por lo menos brillante la batería costera, del siglo XVIII y con ocho troneras. Unas escaleras permiten descender hasta el mar. Y es que desde allí se practican deportes náuticos. O sea, otra razón para quedarse en Redes.

La aventura

Llegarse a la cercana y poco frecuentada playa de Sabadelle, ruta apta para niños (desvío a la derecha antes de llegar a punta Modias).

La foto más personal

En la batería costera.

El desafío

Recorrer las cinco calles de Redes identificando edificios modernistas e indianos.

El pasado

La Habana fue puerto de destino para muchos redeños que hace más de un siglo buscaban una vida mejor.

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