Ares, capital evangélica de la comarca

El protestantismo llegó en 1916 a la villa y sigue vigente con una comunidad de setenta feligreses de toda la zona


Ares

La huella de los misioneros ingleses Arthur y Elise Ginnings se siente al pisar Ares. Con ese nombre, muchos no los reconocerían, pero si uno menciona a Don Arturo y a Doña Eloísa, la importancia de su figura sobrevuela la memoria de la villa. Los dos son la raíz de la comunidad evangélica del municipio, que desde 1916, siempre que le han dejado, ha tenido un espacio importante. El 10 de diciembre de ese año se inauguró la capilla. A día de hoy continúa en pie y acoge a un grupo de unos 70 feligreses de toda la comarca: Mugardos, Fene, Ferrol, Pontedeume y también de la propia localidad.

Es domingo en Ares y, a las once de la mañana, es el momento de la segunda reunión semanal -la primera fue el viernes-. El exterior del templo luce impecable, en tonos blancos y verdes y con una inscripción que protagoniza la fachada: «La sangre de Jesucristo el hijo de Dios nos limpia de todo pecado». Las citas de la Biblia, tanto en los edificios como en las expresiones de los miembros, siempre están presentes. Nelson Lucena (Oporto, 68 años), uno de los dos ancianos de la comunidad, abre las puertas del templo a La Voz un rato antes de que lleguen la mayoría. El primer espacio es la capilla, con cuatro ventanas con arco apuntado y aspecto austero. El altar está poco elevado y es de madera. «Nosotros predicamos a Cristo crucificado», está escrito encima. Como anexos hay un espacio para reuniones, otro de almacén, uno más para los niños y un patio. Todo lo que hacen, también una misión solidaria en Perú (Turmanyé), está pagado de sus bolsillos. Destaca una estantería con libros de hasta el siglo XVIII. Además, están recopilando diapositivas con un gran valor histórico. La Reforma protestante de Lutero cumplió el año pasado medio milenio.

«Le hicieron mucho bien»

Alrededor de una de las mesas se sientan varios miembros de la comunidad. El otro anciano -nomenclatura procedente de la Biblia- de Ares, Pablo Vázquez (Perlío, Fene, 75 años) recuerda los primeros pasos: «Cuando llegaron Don Arturo y Doña Eloísa dicen que unas 700 personas los escucharon atentamente. A partir de ahí, mucha gente se convirtió y con su ayuda nació esta iglesia. Y hasta hoy». Doña Eloísa ejercía, además, de enfermera y comadrona, por lo que asistió muchos partos de entonces, y Don Arturo conducía un coche -algo poco visto en aquella época- con el que ayudó a los vecinos. «Al pueblo le hicieron mucho bien», subraya Pablo.

En la comunidad son considerados miembros aquellas personas que han dado el paso a bautizarse públicamente. A pesar de que para los protestantes de Ares el principio del siglo XIX fue duro y todavía más lo fue la posguerra, todo aquello es pasado. «Ahora nos encontramos en un estado de normalidad. La gente nos conoce y la situación, al igual que en el resto de España, es de libertad total», remarca Domingo García (Ares, 44 años). «Nadie nos amenaza, como ocurría en otras épocas, y tenemos amistados tanto de ateos como de otras creencias, y sin ningún problema», añade. De su infancia recuerda que eran «un poco más raros» por el hecho de no ir a clase de Religión Católica, «algo que hoy en día es habitual».

La mayoría de ellos se familiarizaron desde pequeños con el protestantismo. «Cuando tienes familia, hijos, intentas enseñar lo mejor que puedas, en el buen camino. Y nuestros padres, sabiendo eso, nos enseñaron la palabra de Dios», expresa Félix Cudilleiro (Ares, 54 años), quien explica que, no obstante, «al final acaba siendo una cuestión personal». En su caso no se bautizó hasta los 21 años. Al igual que comenta Domingo, tampoco siente «ningún desprecio».

Una decena de jóvenes

La comunidad aresana también tiene miembros más jóvenes, una decena, aproximadamente, que ahora coordina Andrés González (Pontedeume, 35 años). ¿Y qué les aporta la iglesia evangélica? «A veces no es tanto lo que nos aporta, sino lo que podemos aportar nosotros. De acuerdo a lo que dice la Biblia, tenemos el derecho y el deber de juntarnos. Creemos que es bueno tener conexión y preocuparnos los unos de los otros, además de alabar a Dios. Es más una necesidad que una obligación», destaca.

A su lado está Xacobe (Ferrol, 25 años), que antes acudía a una capilla de la urbe naval -donde hay al menos cinco- y, junto a sus padres, se cambió a la de Ares. «Hay un momento en el que Dios decide que tienes que dar un cambio en tu vida». El padre de Andrés, José Manuel (Maniños, Fene, 69 años), se suma a la conversación: «La comunidad no evolucionó tanto como hubiéramos querido. Eso sí, se ha mantenido mucho tiempo, y eso no es cosa de hombres, sino de Dios».

Al igual que no consideran que su creencia sea una religión -«es una fe en un Dios vivo y creemos en la Biblia como su palabra», explica Nelson-, tampoco las reuniones son como la mayoría podría pensar. «No es una misa, no es una liturgia, es algo espontáneo. Libremente, uno u otro se levanta y da gracias a Dios por lo que ha hecho en su vida», concluye. A continuación, comienza la reunión. Una más de esta comunidad tan enraizada.

«Es un referente a nivel gallego y es enriquecedora»

El Concello de Ares descubrió el verano pasado una placa en la capilla, «en recordo de Don Arturo e Dona Eloísa Ginnings». Además, les dedicó la calle donde está ubicado el templo. «La comunidad está integrada en la villa desde siempre. Es un pueblo pequeño, nos conocemos todos y la relación es muy buena», resalta el alcalde, Julio Iglesias. De hecho, considera que tienen una deuda por el importante papel que jugaron con la alfabetización en el siglo XX. «Ares y Marín son los dos referentes a nivel gallego de la iglesia evangélica, y por eso vienen tantos practicantes de fuera. Es enriquecedora para nuestro entorno», finaliza.

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