La odisea de llegar al monasterio de Caaveiro: «Los caballos iban metiendo las patas en los charcos»

ANA F. CUBA A CAPELA / LA VOZ

A CAPELA

Carmen, a lomos de Lía, con las alforjas llenas de botellines de agua, por la carretera anegada
Carmen, a lomos de Lía, con las alforjas llenas de botellines de agua, por la carretera anegada JOSE PARDO

Carmen Blanco, la tabernera del cenobio, recorrió unos metros a lomos de una yegua para llamar la atención sobre el pésimo estado de la carretera

03 ene 2024 . Actualizado a las 17:43 h.

Ni siquiera para los caballos resulta fácil atravesar la carretera que va de Ombre (Pontedeume) al monasterio de Caaveiro (A Capela. Carmen Blanco, encargada de la taberna situada a dos pasos del cenobio, se subió ayer a lomos de Lía, una yegua de Nogueirosa (Pontedeume), con las alforjas cargadas de botellines de agua, para llamar la atención sobre el pésimo estado del principal acceso al corazón de las Fragas do Eume. Salió del centro de interpretación de Ombre (Pontedeume) sobre las 11.30, una hora más tarde de lo previsto. «Los caballos que me iban a prestar se escaparon esta noche de la finca —contó—, cuando aparecieron, la dueña iba a coger el carro para traerlos y le había pasado algo a una rueda».

Finalmente aparecieron Lía, su potrillo, Borak (significa rayo), y Bey, el padre. «Ir a caballo hasta el monasterio es inviable, resulta impracticable el acceso. nada más empezar el camino hay baches y agua en la carretera. Los animales iban metiendo las patas en los charcos», explicó. Aun así, lo intentó y recorrió unos cuantos metros. El resto del itinerario (casi ocho kilómetros, por el municipio de Monfero) lo completó en coche, sorteando baches y atravesando zonas anegadas del agua que cae de la ladera.

«Con un vehículo grande se puede acceder, pero con el riesgo de caída de árboles, hay un montón a punto de venirse abajo», confirmó tras alcanzar la meta, a pocos metros ya de la Taberna de Caaveiro (situada al final de la cuesta). Los cazadores despejaron la vía en algún punto, hace días, al cortar árboles que se habían desprendido para tratar de localizar a un perro que se había extraviado. De lo contrario, resultaría imposible cruzar.

En el inicio de esta carretera, en Ombre, hay un cartel que advierte de que está cerrada al tráfico. No obstante, hay quien se salta la prohibición y se atreve a circular entre socavones y regatos. Otros se deciden a caminar. «Había mucha gente y pensé que voy a abrir el fin de semana. Ayer fui para llevarles agua a los vigilantes que trabajan en el monasterio [habían pasado varios días sin ir debido al estado del vial], pero al ver tanto movimiento intentaré llegar (el sábado). Estaré yo sola (el personal lo he tenido que mandar al paro), pero al menos para servir bebidas y unos pinchos, aunque no pueda preparar bocadillos», indicó.

Carmen no entiende por qué la Xunta no repara la carretera, si lo hizo durante años. Medio Ambiente ejecutó el último rebacheo en 2019. Desde entonces, el firme ha ido deteriorándose hasta hacer imposible el paso del autobús. El servicio de transporte alternativo fletado por la Diputación para ir hasta el monasterio no funcionó en Semana Santa ni en verano, debido al penoso estado del vial. «Es el acceso al parque natural y a la joya patrimonial de las Fragas», recalca esta tabernera y actriz, con agujetas por la aventura de ayer. Quienes visitan este espacio tampoco comprenden por qué los puentes colgantes sobre el río están cerrados desde hace año y medio.