Mágica mirada


Parece mentira, pero pronto habrá transcurrido un año ya desde el fallecimiento de Xabier P. Docampo, de quien fue uno de los más brillantes autores de la literatura en lengua gallega. Había nacido en Rábade, en Lugo, en 1946, y vivía habitualmente en A Coruña, pero pasaba también mucho tiempo en A Capela, lugar al que estaba estrechamente unido por lazos familiares y por un extraordinario afecto. Aún puedo oírlo hablar, todavía lo estoy viendo. Era, además de un verdadero maestro, un gran conversador. Me parece que fue ayer mismo cuando tomábamos café, muy de mañana, en Fene; o, ya casi de madrugada, en una terraza de A Coruña -una noche de agosto, junto a Xosé Carlos Caneiro y Ramón Pernas-; o en As Neves, una tarde de fiesta. Cada vez que, al dejar atrás Sillobre y Lavandeira, paso por A Capela, de camino hacia cualquiera de esos lugares a los que él también quería tanto (As Pontes, Vilalba, Mondoñedo...), me acuerdo mucho de él. En el año 1995 Xabier recibió el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil por Cando petan na porta pola noite, que a mí, particularmente, me parece una de las obras capitales de la literatura gallega de todos los tiempos. Un libro que, tengan ustedes la edad que tengan (al fin y al cabo, todos somos hijos del niño que fuimos en otro tiempo), les recomiendo encendidamente. Y si lo han leído ya, pues reléanlo, por favor, disfruten de él de nuevo. Xabier, como Casares, Fole y Cunqueiro -y como hoy hacen Freixanes, Luz Pozo, Ferrín, Darío Xohán Cabana, Chus Pato y Álvarez Torneiro-, escribía con la voz de la lluvia, del viento y de la tierra. Había algo mágico, siempre, en su mirada. Sigue habiéndolo.

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