Campeones en innovación


El municipio de A Capela es uno de los enclaves de la naturaleza más hermosos de Europa. Allí se pueden ver miles de clases de musgo hasta otras tantas cascadas en el río Eume, es un paraíso único para hacer disfrutar a los cinco sentidos, aquel inmenso paisaje está recogido en el laberinto grato de todos los archivos. Pero A Capela es un conjunto de cooperativas del campo que gracias a las habilidades mentales de sus dirigentes, han transformado pequeños negocios, granos de anís, en auténticas fábricas que exportan sus productos por España adelante, con cédula de origen. Una de las materias primas son los productos lácteos, aquí apenas se vende el cartón de leche del señor Pascual. Mermeladas, el famosos requeixo con sus derivados acapara las ventas, también los cárnicos de la auténtica ternera gallega. De todo producen estas tierras convertidas en un emporio alimentario, y lo tienen expuesto en un comercio en Pontedeume, que compite con las grandes superficies, es del mejor estilo y agrado. El centro del pueblo lo ocupa, por supuesto el Ayuntamiento, el restaurante de Toñita y una gasolinera, llamada la estación de servicio, y te sirven. Ahora por ahí, tienden a obligar a que se sirva uno mismo, aunque poquísimos conductores tienen el carné de manipulador de servicios inflamables. Hay sanción. Pásalo.

A Capela, además posee un Museo Etnológico, el milenario Monasterio de Caaveiro, una capilla románica, momias, Puentes Romanos en una libérrima atalaya la central eléctrica, autobuses muy modernos, rutas turísticas excepcionales y comercios de chuches y gominolas importadas. O sea, para gozar de una vida autóctona. A Capela es un pueblo que da más de lo que recibe. En esa buena gestión exportable tienen mucho que ver los tres alcaldes que han gobernado desde que llego la democracia, Andrés Arnoso Calvo, López Sueiro, con más de 20 años en la alcaldía, impuso la hegemonía socialdemocracia con una ideología clara, firme y con brillo oratorio, que persiste ahora con Meizoso López. Ninguno de los tres son políticos emocionantes, pero están a pie de obra y sin agujetas. Por eso, inversores forasteros van a A Capela, interesados en golpear en las cabezas de los paisanos con una carta de simpatía y amor, por lo que está haciendo este pueblo que ha dejado atrás el olor a naftalina para incorporarse a la conectividad de la calculadora del progreso.

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