El verano se despide en el banco de Loiba: «Este lugar es de una belleza imponente»
FERROL
Los turistas sucumben al paisaje, «espectacular y envolvente», y los pocos negocios de la zona corroboran que la temporada ha estado «muy animada»
03 sep 2026 . Actualizado a las 17:43 h.A Lorena y Gregorio, colombianos asentados en Pamplona, les faltan palabras para describir su primera visita al mejor banco del mundo, en el litoral de Loiba (Ortigueira): «Buah... Este lugar es de una belleza imponente, se siente algo muy lindo aquí. De todo lo que hemos visto, y conocemos toda Galicia, es lo que más nos ha impresionado. Es espectacular, muy envolvente». La pareja se detuvo en este punto de la costa de Ortegal rumbo a Santander, fin de ruta, agradecida «por el trato maravilloso» que han recibido en España desde su llegada, hace ya cinco años.
Silvia, argentina residente en Gijón, viajó con sus amigos Miguel Ángel y Begoña, de Toledo, hasta este rincón. Los tres se sentaron mirando al mar en ese lugar que nadie se quiere perder, en el que se forman colas para tomarse una fotografía o para meditar un rato, que se alarga más o menos en función de cuánta gente espera. «Impacta mucho, mucho, es muy fuerte, vamos a quedarnos ojipláticos», comentaban el lunes, con un sol radiante. Unos días antes se habían acercado con el paraguas. «Nos vamos mañana y esta es una despedida genial de Galicia, que nos gusta mucho», repetían, también fascinados por la garita de Vixía Herbeira, donde gozaron «del sonido de las olas» la víspera.
Justo antes de desviarse por el camino que lleva al mejor banco del mundo, un vecino de O Vicedo ofrece miel y nueces en su furgoneta, y de paso ejerce de guía para los más despistados. Como María, mallorquina, y Juanjo, murciano, recién aterrizados en la comarca, sorprendidos «por tantos bancos, y no sabes cuál es el más bonito porque todos tienen unas vistas increíbles». A pocos metros del asiento más cotizado, se detienen ante el puesto de María Elena Vale, Elena de Visita: «A la vuelta cogemos unos creps». Este ha sido el noveno verano consecutivo de esta vecina de Loiba con su food truck, inconfundible por su aire hippy, donde prepara al momento freixós con la receta que aprendió de su madre, aparte de ofrecer helados artesanos y bebidas. «Este año ha sido terrible por el calor, la furgoneta se recalentaba, los rayos de sol la taladraban por completo», resume.
Cuenta que en julio volaron los freixós rellenos de queso y requesón, igual que los helados, cuya demanda se mantuvo la primera semana de agosto —«después empezó a caer, como si la gente ya se cansara»—. Esta puede haber sido su última campaña estival, que ha estado «muy animada, con mucha gente... ni siquiera flojeó por la lluvia los últimos días de agosto», aunque ella dio por cerrada la temporada, «por agotamiento». Varios días se quedó sin masa y observó «entusiasmo» en los visitantes, e incluso alegría la hora de gastar.
El chiringuito
Un poco más allá, en la aldea de Picón, junto a la bajada de la playa, Los Piratas de Loiba apura los días. El chiringuito que montó hace tres años Filippo Bettini, originario de Piacenza, a 40 kilómetros de Milán, triunfa con las pizzas artesanales, las hamburguesas, los platos de cocina vegano o las ensaladas, y el ambiente despreocupado. «La semana del eclipse fue la más fuerte, sobre todo ese día, aunque cortaron la carretera para evitar la masificación», señala. Los turistas copan este espacio: «Hay mucho extranjero, gente del norte de Europa, sobre todo del 15 de julio al 15 de agosto». El día 6 se despedirá hasta 2027.
Ainhoa y Mateo, de Oviedo, han llegado demasiado temprano para gozar de Los Piratas de Loiba, pero su objetivo era otro: «El banco está guapísimo, nunca habíamos estado, nos lo habían dicho amigos y también lo habíamos visto en las redes sociales. Tenemos cuatro días por la costa gallega. Esto está genial».