Una vecina de Mugardos en silla de ruedas lleva cuatro meses con el vehículo en el taller: «Para mí el coche son mis piernas»

R. Cordobés FERROL / LA VOZ

FERROL

Patricia Díaz, este miércoles frente al concesionario de Peugeot en el polígono de A Gándara.
Patricia Díaz, este miércoles frente al concesionario de Peugeot en el polígono de A Gándara. Carlos Carballeira

Patricia Díaz Erveira, de 56 años y con una enfermedad degenerativa, y su marido, Benito Segade Lence, protestan a diario frente al concesionario de Peugeot en el polígono de A Gándara

06 ago 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Desde hace una semana, la rutina de Patricia Díaz Erveira, de 56 años, y su marido, Benito Segade Lence, pasa obligatoriamente por el concesionario de Peugeot en el polígono de A Gándara, del grupo Dimolk. Con una pancarta y acompañados de sus sobrinos, de 2 y 10 años, protestan frente al lugar donde hace menos de un año adquirieron un coche nuevo, un 5008 que posteriormente adaptaron para que esta vecina de Mugardos pueda conducir y, por ejemplo, visitar a sus hijos, que residen en Bilbao y Barcelona. Pero un fallo de fábrica y la falta de herramientas para solucionarlo convirtió su vida en un calvario. «Para mí el coche son mis piernas», explica. Lleva más de cuatro meses con el vehículo en el taller.

«Estamos agotando todas las vías que tenemos a nuestro alcance para devolver cuanto antes la movilidad a la clienta. Comprendemos perfectamente su frustración y lamentamos profundamente los inconvenientes que esta espera le está ocasionando. La reparación está muy avanzada, pero necesitamos un utillaje extraordinariamente específico que en estos momentos no está disponible en España. Seguimos insistiendo diariamente ante la marca para conseguirlo y completar la intervención con la máxima urgencia», explicaba este martes Carlos González, gerente de Dimolk Automoción Ferrol. Por suerte, esa misma tarde obtuvieron respuesta de Peugeot y los útiles llegarán en de 3 a 5 días.

Todo comenzó cuando, debido a su enfermedad degenerativa, Patricia tuvo que cambiar las muletas por la silla de ruedas. «Tengo movilidad reducida y, para desplazarme, como ahora me cuesta un montón, utilizo la handbike, que es como una motito que se adapta a la silla. Necesité cambiar de coche y compré uno más grande», relata. El problema surgió a los siete meses, cuando en un viaje a Bilbao para ver a su hijo el motor se estropeó. Al mes de entrar en el taller, llegó la sorpresa: «Me dijeron que como es muy electrónico todo, la centralita no reconoce el tipo de motor y hay que cambiarla». Y para ello hacen falta una esos útiles que, ahora, sí se supone que llegarán.

Durante estos meses, cada día llamaron atención al cliente, la única vía de contacto directa que existe con Peugeot, matizan, sin obtener una respuesta clara. Denunciaron la situación ante Consumo y allí les recomendaron ir por la vía judicial. «Hablamos con un abogado y me dijo que espere a septiembre porque en agosto está todo muy paralizado», explica Patricia, que decidió comenzar su protesta diaria.

Sin vehículos adaptados

«Están acabando conmigo, física y psíquicamente. Ya lo digo siempre, para mí el coche son mis piernas. Es con lo que puedo moverme. Encima vivo en Mugardos y ya sabes cómo está el transporte público para una silla de ruedas...», explicaba ayer. Mientras Peugeot guardaba silencio, el gerente del grupo Dimolk sí atendió a Patricia: «En estos casos, lo más importante, es que la clienta se sienta acompañada». Y la solución que pudieran darle fue un coche de sustitución. «Entendemos, no obstante, que estas alternativas no cubren completamente sus necesidades, puesto que no se trata de vehículos adaptados y ella no puede conducirlos de manera autónoma», reconocen.

«Llevo cuatro meses sin poder conducir», lamenta Patricia, que cada mes continúa pagando religiosamente la cuota de su vehículo averiado, cuyo precio final, tras la adaptación, ronda los 45.000 euros. «Mi enfermedad es una enfermedad rara, degenerativa, que me afecta a las piernas, pero es que esto lo está agravando. Estoy mucho más rígida, estoy nerviosa... El coche es lo que me da a mí la libertad de poder ir a un lado u a otro. Y está cambiando toda mi vida. Esto me inhabilita».