El sueño de dos jóvenes que puso a Meirás en el mapa de los festivales: «Lo que queremos es que la gente llegue y flipe»

Alicia Cernada / A.U. VALDOVIÑO / LA VOZ

FERROL

Omar García e Iván Freire son los organizadores del Meirásland, que este año presentan su tercera edición

03 ago 2026 . Actualizado a las 16:21 h.

Todo empezó en una casa. Lo que iba a ser una reunión entre amigos terminó congregando a cientos de personas y sembró una idea que ha dado lugar a uno de los festivales emergentes del verano en Ferrolterra. Detrás de Meirásland siguen estando los mismos dos jóvenes, Omar García e Iván Freire, que ahora afrontan la edición más ambiciosa del evento con el objetivo de alcanzar por primera vez los 5.000 asistentes este 8 de agosto.

«Nosotros queríamos hacer una fiestecilla entre colegas. Pensábamos que vendrían unas 300 personas como mucho», recuerda Omar García. Aquella primera edición del 2024 les cambió los planes. Subieron un vídeo a las redes sociales y la respuesta fue tan positiva que decidieron ir a por todas. «Se volvió serio de repente», resume.

Desde entonces han aprendido casi sobre la marcha. Sin experiencia previa en la organización de eventos, reconocen que el mayor cambio ha sido la profesionalización. «Al principio no teníamos ni idea de cómo se montaba un festival. Lo que sabíamos hacer era salir de fiesta y que la gente se lo pasara bien».

El cartel de esta edición, encabezado por Selecta, es el más potente hasta la fecha, pero los organizadores insisten en que la apuesta va mucho más allá de los artistas. Quieren que el público recuerde la experiencia completa. «Hemos invertido mucho en el escenario, la decoración, las luces… Queremos que la gente llegue y flipe».

Pero esta ambición también multiplica las dificultades. Contratar a los artistas supone cerrar acuerdos casi un año antes del festival, cuando no se sabe a ciencia cierta si seguirán en un buen momento. Encontrar un escenario disponible para esas fechas, negociar con patrocinadores o conseguir ayudas públicas son otros de los retos a los que se enfrentan dos organizadores que reconocen sentir la presión durante todo el año.

Aunque la imagen del festival sea la de una gran noche, detrás trabajan cerca de un centenar de personas durante el montaje y la celebración del evento. A lo largo del año, además, una decena de colaboradores participan de forma continuada en la preparación.

Pese al crecimiento, Omar García explica que no quieren perder la esencia que los ha diferenciado desde el principio. «Se nota que es un festival casero. La gente habla con nosotros directamente, todos nos conocemos y hay muy buen ambiente entre trabajadores». Sin embargo, cuando se ponen a pensar en un futuro, sueñan con un festival de varios días, con zona de acampada y que reúna a 20.000 personas