Desbandada «folkie» en Ortigueira, que aún respira festival: «Volveremos en 2027»
FERROL
El Mundo Celta deja un rastro cultural, una importante huella económica en la hostelería, la alimentación o el taxi, y un espacio natural que limpiar y recuperar
13 jul 2026 . Actualizado a las 22:20 h.El rastro del Festival de Ortigueira es profundo. Queda la traza cultural, aún latente, de un encuentro con el folk internacional que revoluciona la villa cada mes de julio; la huella económica, con una inyección muy importante, «vital», según reconocen varios empresarios, para sectores como la hostelería, la alimentación o el taxi; y otras señales, menos positivas pero seguramente inevitables por la riada de folkies que ha transitado por Ortigueira durante más de una semana. Es la marca que deja la convivencia de una multitud en el pinar y la playa de Morouzos, con todo tipo de restos esparcidos por el bosque, desde tiendas desechadas a envases con comida reseca, botellas de plástico, bolsas, latas y botellines de cerveza.
La desbandada folkie, que comenzó el domingo por la mañana, continuaba este mediodía, con colas de coches en el acceso a la playa. Mientras unos acababan de desmontar las casas móviles, otros cargaban neveras casi vacías y mochilas a reventar de ropa sucia. Todo con el regusto de la fiesta. «Ha sido mi primera vez y todo perfecto, es un espectáculo, me sorprendió muchísimo, es un evento muy cultural», comentaba Mayra, argentina asentada en Gran Canaria, a punto de subirse a un coche con el que contactó a través de BlaBlaCar. No se perdió ni un concierto, aprovechó la feria para comprarse ropa y solo se queja de las raves en el pinar, «demasiadas».
A Víctor, madrileño, le sobró gente en esta edición —«me gustó más la primera vez, el año pasado, éramos menos y estaba más limpio»— y a su amiga Irene, debutante, le llamó la atención «la cantidad de droga que se mueve, muy heavy». Ellos y sus parejas se quedan con el espíritu de «comunidad, muy unida, aunque alguno pierda el rumbo y se vuelva más hostil, pero en general es todo pacífico y respetuoso».
Miguel, de Xinzo de Limia, incondicional del Mundo Celta desde 2014, Laura y otros festivaleros de Ourense bromean sobre el predominio capitalino —«el Festival de Ortigueira son las vacaciones de los madrileños»— y se quedan con lo bueno, «casi todo», desde la música —«los grupos de aquí son una maravilla, precioso... Anxo Lorenzo, el mejor, y la Escola de Gaitas de Ortigueira, siempre bien»— a la gente. ¿Y el gasto? «Si no consumes, poco, unos cien euros, y si vas de guay y comes por ahí, 300», explican. Con entrada gratuita a los conciertos y acceso libre a la zona de acampada, «qué más vas a pedir», apunta Lucas, salmantino, con el macuto a cuestas y el pelo entre rojo y azul.
El festival se coció entre dos fuegos, como cada año, en la playa —«a ratos parecía Benidorm», dice Mikel— y en el pueblo. En la Alameda, Radu Preotescu, rumano de Gondomar, vendió 600 kilos de patatas «gallegas» fritas, con huevos y chorizo, «sin gluten ni lactosa, con certificación de la Xunta». «Solo vamos a grandes festivales, veníamos del Resu, y aquí hemos superado las expectativas», cuenta mientras una grúa gigantesca retira la cubierta del escenario. «Volveremos en 2027», avisan casi todos.
Voluntariado de Protección Civil con acento andaluz
Si alguien merece reconocimiento tras el intenso trabajo del Festival de Ortigueira, son los trabajadores de los servicios de emergencias y las fuerzas de seguridad (GES, Guardia Civil o Policía Local) y también los voluntarios de Protección Civil. Este año, la agrupación anfitriona, que capitanea Jaime Villar, contó con el apoyo de 60 hombres y mujeres procedentes de Teba, Mollina, Ronda, Fuente de Piedra, Sierra de Yeguas, Monda y Yunquera, en la provincia de Málaga, la mayoría veteranos del Mundo Celta; los municipios gaditanos de Los Barrios y Olvera; y la agrupación de la capital sevillana. En la foto aparecen con el alcalde y otros miembros del gobierno local.