Briegal, a contrarreloj en Venezuela

Alicia Cernada, A.U. FERROL / LA VOZ

FERROL

Los miembros de la ONG que fueron a Venezuela en su llegada al país caribeño.
Los miembros de la ONG que fueron a Venezuela en su llegada al país caribeño. Briegal

La ONG fundada por el bombero ferrolano Manuel Tato regresa de Venezuela con la sensación de haber podido hacer más si hubiesen llegado antes

08 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Cuando recibió la noticia de que Venezuela era sacudida por dos terremotos, el bombero ferrolano y fundador de Briegal (Bomberos de Rescate Integral en Emergencias de Galicia), Manuel Tato, apenas necesitó unas horas para preparar la mochila. Desde el primer momento los miembros de esta ONG sabían que el tiempo corría en contra de quienes permanecían atrapados bajo los escombros. «En doce horas estábamos listos para salir», recuerda el bombero. Pero la realidad de una emergencia internacional es más compleja. Conseguir transporte y coordinar el despliegue retrasó la llegada del equipo gallego, que terminó aterrizando en Venezuela cuando habían pasado varios días desde los seísmos. Para el ferrolano, esa sensación de llegar tarde fue el peso más difícil de llevar. «Lo que nos traemos es pensar que, si hubiéramos llegado antes, habríamos podido hacer el trabajo que sabemos hacer».

Briegal nació en 2023, tras los terremotos de Turquía, con la intención de reunir a bomberos y sanitarios profesionales gallegos para intervenir allí donde las grandes catástrofes superan la capacidad de respuesta de las instituciones. «Sabemos que la respuesta institucional siempre va a ser lenta. Por eso montamos la ONG», explica Tato.

Un miembro de la ONG Briegal realizando labores de rescate
Un miembro de la ONG Briegal realizando labores de rescate Briegal

El equipo gallego que viajó al país caribeño estaba formado por seis rescatadores de distintos parques de bomberos de Galicia, entre ellos el de Ferrol, y un perro. Una vez en Venezuela se unieron a efectivos de Asturias y La Rioja, formando un contingente de nueve personas y tres perros especializados en la localización de víctimas.

El trabajo de esos días estuvo marcado por la impotencia. Los edificios derrumbados y el tiempo transcurrido hacían muy difícil encontrar personas con vida. Aun así, continuaron trabajando entre familias que permanecían junto a los escombros esperando un milagro. «Mientras estás allí no te permites tener lástima de ti mismo. Ves el sufrimiento de la gente y sigues trabajando», comenta el gallego.

Durante las jornadas, el equipo recorrió distintas áreas utilizando a los perros para descartar la presencia de personas atrapadas. No lograron hallar supervivientes, una de las experiencias más duras para los rescatadores. «Todos los familiares están al pie de los escombros con la esperanza de sacar a alguien con vida. Se vive una especie de esquizofrenia colectiva comprensible, en la que todo el mundo cree escuchar una voz o una llamada de teléfono», explica este bombero gallego.

El impacto de volver a casa

A la dureza física de las jornadas, que en ocasiones superan las doce horas continuadas, se suma el impacto emocional de regresar a casa. «Lo difícil viene al volver, cuando pasas de una realidad de destrucción total a tu vida cotidiana», señala Tato.

La experiencia en Venezuela deja claro a Briegal la necesidad de contar con mayores recursos económicos para una respuesta más rápida y autónoma en futuras emergencias. «Si hubiéramos tenido más recursos, habríamos podido llegar al menos 24 horas antes», afirma Manuel Tato.