El brindis eterno de Destilerías del Noroeste: «Ginebra La Flota, el que la toma explota»

Patricia Hermida Torrente
Patricia Hermida NARÓN / LA VOZ

FERROL

Licor de guindas triunfante en Argentina y delicias para cubalibres, desde Narón; en la crónica de Fernando Masafret

17 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Cuando los manteles de cuadros se extendían sobre la hierba en las meriendas familiares de Ferrolterra, los licores de Destilerías del Noroeste hacían «glu, glu, glu» en aquel ya lejano siglo XX. Semejante onomatopeya simboliza el gran éxito que tuvo esta empresa desde Xuvia (Narón), impulsada por Luciano Eiroa Borreiros (1903-1987) y cuya historia nos trae hoy Fernando Masafret. Con ella triunfaron todo tipo de bebidas espirituosas con sello local. Pero sobre todo conquistaron sus tres bestsellers: el licor de guindas Doña Elena que llegó a arrasar en Argentina, el Triple Seco (un añorado licor de naranjas valencianas) y la ginebra La Flota.

Así eran las Destilerías del Noroeste
Así eran las Destilerías del Noroeste Familia Eiroa para Archivo de Masafret

A esta última se le dedicó un famoso dicho que aún resuena entre los más ochenteros: «Ginebra La Flota, el que la toma explota». Cuenta Masafret que «Luciano Eiroa fue una figura clave en el desarrollo industrial y social en Xuvia, heredó de su padre la firma Almacenes Luciano Eiroa y Compañía (frente a la iglesia de Santa Rita, de vinos, cereales, tostadero de café y hasta con representación de SPAR y Galletas Marbú)». Según relata el sobrino Ángel Luis Durán Eiroa, «las Destilerías del Noroeste nacieron en los años 50 de mano de Luciano y de sus cuatro hermanos Francisco, Aurelio, Elena y Ermitas». Su primer director fue Julián Yagüe Frías, posteriormente tomó las riendas José Manuel Durán y por último Luciano Eiroa.

Como químico trabajaba al principio Manuel Echevarría, «que hizo las fórmulas para los primeros licores y aguardientes». Se convirtió en quizás la destilería más grande de la provincia de A Coruña, y tenía una sucursal en A Rúa (Ourense). Al principio, «se toleraban los graneles que permitían imitar a las marcas nacionales de licores, después desaparecen y todos los licores deben ser de marcas registradas».

Diferentes ejemplares del mítico Doña Elena, de Destilerías del Noroeste
Diferentes ejemplares del mítico Doña Elena, de Destilerías del Noroeste Familia Eiroa para Archivo de Masafret

Ginebra La Flota tuvo tanto éxito que competía con cualquier rival nacional o internacional a la hora de preparar tanto «copas como cubalibres». Y para atender a la gran demanda del licor de guindas Doña Elena, «se hizo una gran plantación de guindos en la carretera de San Xiao y muchos vecinos participaban en arrancar los rabos a las guindas, en los años 70 pagaban 100 pesetas por cada caja y los más rápidos si llenaban un capazo se acercaban a las 1.000 pesetas».

Todavía en 1979 se mandaban contenedores con licor de guinda Doña Elena desde el puerto de Ferrol hasta Argentina. Su gloria tuvo el Licor do Toxo, «primer producto en Galicia con el texto de la etiqueta íntegro en gallego», o el vino dulce Villa Elena. Por el empuje de otras destilerías y problemas de financiación, Destilerías del Noroeste cerraría en los 80. Pero el afortunado que probó sus jarabes aún puede sentir el calor y la felicidad desde la garganta al cerebro, mientras recuerda los brindis con sus antepasados a lo largo y ancho de la ría.