Madre

Nona Inés Vilariño MI BITÁCORA

FERROL

CAPOTILLO

04 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Madre es la palabra más hermosa que conozco. Por muchos motivos. Uno de ellos es que mamá es la primera palabra (puede que sea un balbuceo más, pero cuando la escucho la siento como tal) que pronuncian la mayoría de los niños. Es verdad que en concurrencia con papá que, creo, tardan más en asociar a la figura del padre. Además, después de tanto tiempo sigo sintiendo que mi piel se estremece y me conmuevo cuando escucho el madre dirigido a mí que, más difícil de pronunciar, es fruto de una elección consciente y de un uso con fuerza emocional. Así lo siento aunque parezca una fabulación. Y creo que esa sola palabra contiene un te quiero, te necesito o la suma de ambos, como tierna verbalización de un vínculo muy fuerte que es imposible definir.

Ayer domingo se celebró el Día de la Madre. Y me propongo escribir una bitácora reivindicativa de la grandeza y la necesidad de la maternidad como valor socioeconómico. Así lo pienso y quiero decirlo, sin traspasar la delgada línea de entrar y enjuiciar algo que en lo personal tiene una dimensión tan íntima y compleja que no admite intromisiones invasivas. Pero el intento acaba en la papelera y suelo sustituirlo por un texto, que recoge emociones y sueños que viven en mí como esperanza de que, más pronto que tarde, ser madre sea un proyecto de vida que se recupere como mayoritario, hecho desde la libertad y la convicción de que un hijo es una apuesta generosa, arriesgada, como todo lo grande, pero la más maravillosa y enriquecedora experiencia de apuesta por dar vidas en un mundo en peligro, de frívolos proyectos de gloria efímera, del aquí y ahora... frente al para siempre.