La lucha de Manuel y Mari Carmen: «Nuestro padre murió por las torturas sufridas en Ferrol»
FERROL
Los hijos de Manuel Fernández Mourente, fallecido en 1976 y enterrado ante 2.000 personas, pidieron en los juzgados la restitución tanto de su memoria como la de su tío paseado
12 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Cuando Manuel Fernández Mourente falleció en 1976, más de 2.000 personas acudieron a su entierro en Ferrol. El féretro fue a hombros desde las sindicales de San Pablo hasta el cementerio municipal de Catabois. Pasaron 50 años y sus hijos Manuel y Mari Carmen aún lloran al recordarlo: «Nuestro padre murió de un derrame cerebral derivado de las torturas sufridas en la comisaría de Ferrol, tras participar en los hechos del 10 de marzo de 1972». Justo cuando se cumplía medio siglo de su desaparición, y a la misma hora, la familia trasladó este viernes a la Fiscalía Provincial de Derechos Humanos y Memoria Histórica su petición de reparación. Quieren que se incluya en el Censo Estatal de Víctimas, y que se ponga la causa real de su muerte. «Lo nuestro no es odio, lo nuestro es recuerdo», recalcan sus hijos.
Y por ese poder del recuerdo, como hijo, sobrino y nieto de víctimas del franquismo, Manuel Fernández Pita preside la asociación cultural Memoria Histórica Democrática. El encuentro del viernes con la fiscala Encarnación Mayán también sirvió para pedir la reparación de su tío Antonio Manuel, paseado en verano de 1936: «Venimos a que sea reconocido y a que se restituya su dignidad». A lo largo de los últimos meses, Fernández Pita junto con Fernando Ocampo han presentado 35 casos en esta Fiscalía a través de su asociación. «Mi hijo lleva las iniciales de mi tío paseado, se llama Antonio Manuel Fernández Moreno, mi padre solo pudo disfrutar de él dos años».
Aquel Fernández Mourente fallecido en el 76 aparece en la mítica foto del restaurante Mundial en Fene, celebrando la libertad de Pillado, Riobóo y Amor Deus. También salen sus dos hijos. Mari Carmen recalca ahora que «lo único que podemos hacer es reivindicar la persona que era nuestro padre, yo tenía 17 años cuando él murió, me enseñó la honradez y el compañerismo, que hay que pensar en los que te rodean... cuando nos quedamos sin él los otros jóvenes se divertían y nosotros tuvimos que ver la vida de otra manera».
Manuel Fernández Pita tenía 23 años cuando se quedó sin padre y trabajaba en Astano. «Y él solo era un hombre de 43 años, militó en CCOO y fue enlace sindical en Bazán, lo despidieron a finales de 1971 por motivos políticos y lo detuvieron el 7 de mayo de 1972, lo torturaron tres días en la comisaría de San Amaro, estuvo preso en A Coruña, sufrió las listas negras». En lo poco que le quedó de vida solo pudo encontrar pequeños trabajos de electricista, «perseguido por la brigadilla franquista».
Su hijo investigaría después la lucha de toda su familia, incluido el abuelo materno republicano que murió en un bombardeo: «Necesitas saber, es perentorio tener un vínculo con el recuerdo de ellos». En el entierro de su padre, leyeron compañeros como Rafael Pillado. Y la viuda y los hijos custodiaron las coronas para que la policía no se llevase las dedicatorias: «Aún nos emociona pensar en cómo era tan querido».