Las bodas de ensueño en la miniciudad fabril de Xuvia: con mucho sabor italiano

Patricia Hermida Torrente
Patricia Hermida NEDA / LA VOZ

FERROL

Una boda celebrada en esa capilla de la fábrica de Xuvia en el año 1945.
Una boda celebrada en esa capilla de la fábrica de Xuvia en el año 1945. Archivo Fernando Masafret

Así nació la capilla del florentino San Juan Gualberto, por una noche de naufragio

12 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

El maravilloso encanto de Cuatro bodas y un funeral seguramente se vivió por anticipado en la capilla de la miniciudad fabril de Xuvia. En esa pequeña iglesia se celebraron nupcias de ensueño... y con mucho sabor italiano. Porque fue alzada en el siglo XIX por orden del director de la entonces Real Fábrica de Moneda, el superintendente Manuel Fernández-Flórez y Arias. Y la dedicó a cumplir una promesa tras salvarse de un naufragio el 12 de julio de 1801: honrar con un templo al santo del día, San Juan Gualberto (nacido en Florencia en el siglo X, militar y cenobita). A él concede el famoso cronista de Xuvia, Fernando Masafret, su paseo por la historia de este domingo.

 Como recalca Masafret, «resulta interesante dedicarle unas líneas a este personaje, de acuerdo a las pruebas documentales que presentó para su ingreso en la Armada perteneció a familia hidalga por los cuatro costados». Nació en Cangas de Tineo (actual Cangas del Narcea, Asturias) en 1779.

Primeras Comuniones en la capilla, en 1906
Primeras Comuniones en la capilla, en 1906 Archivo Fernando Masafret

Sus padres eran Ignacio Fernández-Flórez (brigadier de la Armada) y Teresa Arias Flores, ambos de esa localidad asturiana. Manuel Fernández-Flórez y Arias sentó plaza de guardia marina en 1795, «y empezó a navegar en escuadras y buques sueltos, llegando a brigadier de los guardia marinas del navío San Carlos». Y aquí llegaría el famoso naufragio.

Relata el cronista de Xuvia que «este buque de 112 cañones formaba parte de una escuadra hispano-francesa que en la noche del 12 al 13 de julio de 1801 atravesaba el estrecho de Gibraltar». El puesto del San Carlos y el San Hermenegildo se encontraba en la retaguardia: «Y la noche correspondiente a esa fecha era muy oscura». La penumbra fue aprovechada por el navío inglés Superb para descargar sus baterías sobre el San Carlos, mientras algunas también caían sobre el San Hermenegildo.

«En la confusión de la noche», los dos navíos españoles se dispararon entre ellos creyendo que el otro era el enemigo. Ambos se incendiaron y volaron a medianoche. A la orilla de la muerte, Fernández-Flórez prometió que si sobrevivía dedicaría una capilla al santo de ese día. Y lo consiguió. Gracias a una falúa de su navío llegó con 40 hombres de su dotación a Cádiz, «todos medio desnudos y fatigados».

Boda ante el altar de la capilla de San Juan Gualberto
Boda ante el altar de la capilla de San Juan Gualberto Archivo de Fernando Masafret

El propio brigadier tuvo que informar personalmente a Carlos IV de «aquel triste y horroroso suceso». Y fue ascendido por el rey a alférez de fragata. De junio de 1808 a octubre de 1814, durante toda la Guerra de la Independencia, permaneció en los batallones de infantería de campaña tomando parte en diversas batallas y ascendiendo a alférez de navío por méritos de guerra. Y en 1816 fue nombrado director de la Real Fábrica de Moneda de cobre establecida en Xuvia, Reino de Galicia.

Aquí consigue cumplir su promesa y edifica en el interior del recinto la capilla de San Juan Gualberto. Cuando Diego Francisco compró la Real Fábrica, la iglesia se encontraba en mal estado y decidió destruirla trasladando al santo hasta Santa María de Neda. Pero al enfermar su esposa Ubalda Sandino, Diego Francisco entró en el círculo de las promesas. Y aseguró que si se curaba reconstruiría la capilla y regresaría San Juan Gualberto a su lugar original. Así ocurrió. Y el santo florentino fue venerado como patrono del establecimiento industrial, hasta el cierre del templo, con muchos años de velos de tul, tartas de merengue y miles de kilos de amor.