Un cambio en un sistema constructivo con siglos de antigüedad
30 mar 2026 . Actualizado a las 12:38 h.La construcción naval militar en España experimentó en el siglo XVIII una transformación profunda que redefinió tanto la organización productiva como los fundamentos técnicos de la arquitectura naval. El proceso se desarrolló en dos fases diferenciadas que marcaron el tránsito desde un modelo artesanal y disperso hacia un sistema centralizado, tecnificado y alineado con los estándares europeos más avanzados.
En la primera mitad del siglo, la construcción de buques de guerra se distribuía entre diversos astilleros a lo largo de la costa y cuya producción fue disminuyendo por diferentes circunstancias: algunos centros quedaron inutilizados por acciones bélicas, como el astillero de Lezo-Pasajes (incendiado por fuerzas inglesas en 1719); otros padecieron deficiencias técnicas, como Orio, o limitaciones geográficas que condicionaban su operatividad, como Colindres-Santoña. A ello se sumó la caída de la demanda oficial, que afectó a instalaciones como San Feliú de Guíxols o Puntales. Los dos astilleros más importantes de esta etapa fueron Guarnizo y La Habana.
La segunda fase corresponde a la segunda mitad de la centuria durante la cual la construcción se realiza en Astilleros integrados en los Arsenales: Ferrol, Cartagena, La Carraca. A ellos se suma el de La Habana, que continuó su actividad desde la etapa anterior. A finales del siglo XVII, la situación de la Armada era crítica: apenas contaba con unas pocas embarcaciones envejecidas, mal equipadas y sin recursos para su mantenimiento. Los principales astilleros del Cantábrico estaban prácticamente paralizados por la falta de pedidos, los retrasos en los pagos y los ataques enemigos. Las Flotas habían sido suspendidas y el comercio marítimo se encontraba en mínimos históricos.
La llegada al trono de Felipe V en 1700 supuso un giro decisivo. Consciente de la necesidad de restablecer las comunicaciones con América, el monarca impulsó la reconstrucción de la Armada, un proceso que comenzó al término de la Guerra de Sucesión, con una primera etapa entre 1713 y 1720 en la que se adoptaron numerosos elementos del modelo francés, tanto en la organización naval como en la concepción de los buques: se suprimen las escuadras regionales, se crea la Real Armada y se inicia un plan de reconstrucción del sistema naval. En el aspecto tecnológico, la adopción del navío de línea como unidad operativa de las Armadas y Flotas añade nuevos condicionantes. Una nueva concepción del buque rompe con los modelos anteriores, variando sus proporciones, trazado y arboladura.
La Guerra de la Cuádruple Alianza provocó la práctica total destrucción de los barcos recién construidos y obligó a emprender un segundo ciclo de reconstrucción entre 1720 y 1728. Esta etapa supone la introducción de nuevas ideas en el sistema naval. Por un lado, se hace extensiva la estandarización de los tipos de buques, agrupándolos en líneas o rangos, para optimizar su rendimiento en combate, un principio formalizado en la Ordenanza de 1721, basada en las propuestas de Antonio de Gaztañeta (responsable de la Construcción Naval en España hasta su muerte en 1728) en su obra Proporciones de las medidas más esenciales para la fábrica de navíos y fragatas. Por otro lado, la Ordenanza de Arsenales de 1723 y la creación de los Departamentos Marítimos en 1726 iniciaron una profunda reestructuración de la industria naval militar.
Las ligazones
Hasta el año 1712 los barcos se construyen, siguiendo la tradición de los siglos anteriores, mediante el sistema de ligazones (o varenga-genol), consistente en crear sobre la quilla una estructura básica que recibe el nombre de fiador sobre la que se empieza a forrar el buque. Las ligazones posteriores no están unidas unas con otras siendo el forro interior y exterior el único elemento de sujeción entre ellos y trazando la zona curva de la cuaderna maestra mediante un óvalo construidos sobre dos circunferencias de radio un tercio de la manga.
En 1712 Antonio de Gaztañeta introduce en España un procedimiento inspirado en la práctica francesa que permite definir con precisión las cuadernas extremas. Su tratado Proposiciones de las medidas arregladas a la construcción de un bajel de guerra de sesenta codos de quilla marca un hito en la ingeniería naval hispana: constituye el primer documento en el que se describe y representa la confección de una caja de cuadernas prediseñadas. Por primera vez, los tercios de proa y popa se diseñan sobre plano, sustituyendo el trazado directo en el astillero mediante madres o vagras flexibles. Posteriormente, en las Proporciones… de 1720 de Gaztañeta, éste revisa el trazado de las curvas, logrando formas menos apuntadas y dotando a los extremos del buque de mayor volumen.
Entre 1712 y 1730-31, el sistema constructivo es una evolución del sistema de ligazones, definiéndose unas cuadernas de forma para las zonas extremas, mientras el centro del buque se sigue fabricando por el sistema anterior.
A la muerte de Gaztañeta, la interpretación por parte de Ciprian Autran de la Ordenanza de 1721, introduciendo algunos matices, impulsa cambios en las construcciones: hacia 1730 comienza a implantarse la estructura de cuaderna completa y, aunque la geometría de la cuaderna maestra apenas difiere de la establecida en 1720, las modificaciones estructurales resultan sustanciales, introduciéndose la construcción por cuadernas separadas por una clara de unas dos pulgadas, convirtiendo el concepto de estructura transversal en una realidad. Este sistema constructivo, del cual la Cuaderna Maestra que abre la exposición del Museo de la Construcción Naval es un buen ejemplo, requería algunos avances tecnológicos, puesto que se necesitaba conocer previamente la geometría del buque, cuyas cuadernas debían de fabricarse con antelación y, para ello, era necesario la delineación de planos. La falta de ligazón entre cuadernas, debido al claro que se dejaba entre ellas, generaba problemas de quebranto en el buque (es probable que las soluciones estructurales destinadas a corregir estas tensiones no se aplicaran de forma uniforme en todos los astilleros, sino que dependieran de los materiales disponibles en ellos).
La vía británica
En este periodo en el Astillero del Arsenal de A Graña, se construyen, bajo la dirección del Maestro Constructor D. Lorenzo de Arzueta, los navíos Galicia y El León, la fragata Hermione, una chata, un buque machina para arbolar y otro para tumbar la quilla. La llegada de los constructores ingleses de la mano de Jorge Juan, supone la introducción de un nuevo sistema constructivo a la inglesa, que será plasmado sobre papel en las Juntas de Constructores de 1752 y 1754.
Estructuralmente el nuevo sistema constructivo presentaba grandes ventajas que suponían un enorme ahorro de dinero y una importante reducción del peso del casco en rosca. Todo ello permitió la fabricación de series de buques iguales, en tiempo récord, optimizando los sistemas de construcción.