Aquellas fiestas en la fábrica de Xuvia donde los trabajadores tenían casa y servicios gratis

Patricia Hermida Torrente
P. Hermida NEDA / LA VOZ

FERROL

Estampas de aquellas fiestas de antaño en la fábrica textil de Xuvia.
Estampas de aquellas fiestas de antaño en la fábrica textil de Xuvia. Archivo de Fernando Masafret

El cronista de Fernando Masafret regresa a aquellas celebraciones donde se reunían 400 empleados de la factoría textil

08 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Por las merendolas, los agarrados, los farolillos y los refrescos de hace siete décadas (algunos con misterio pero la mayoría sin él), se pasea el recuerdo de este domingo del cronista Fernando Masafret. Regresa a los años de fiestas de verano en la fábrica textil de Xuvia, donde se juntaban hasta 400 empleados. Muchos de ellos vivían allí, donde gozaban de casa y servicios gratis. Recalca Masafret que «una vez que la fábrica de Xuvia fue vendida por parte de la familia Barcón en 1928 al empresario coruñés Dionisio Tejero Pérez, al paso de los años se instauró como tradición en julio una comida de hermandad de todos los empleados».

En la celebrada en 1957, que aparece además en la hemeroteca de este periódico, bajo la presidencia de Carmen Vilariño y la asistencia del obispo de Palencia se reunieron esas 400 personas. «Pocas cosas tan agradables como asistir a las anuales fiestas de hermandad que se ofrecen desde hace cuatro años en el bello e inmenso parque de la fábrica de hilados y tejidos de algodón de Xuvia, de donde salen esos lienzos de fama nacional conocidos por la marca registrada Galicia Industrial», dice la crónica.

Trabajadores tanto de la zona como llegados de las oficinas de A Coruña compartían mesa y mantel, mientras sus integrantes «se calificaban a sí mismos como miembros de una misma y gran familia». Había misa en la capilla, que aún ahora sigue en pie dentro del recinto fabril, y posterior banquete con largas mesas por el centro del parque. Tanto las instalaciones industriales como las zonas verdes ocupaban una enorme superficie cruzada por un canal de un kilómetro de largo.

Y los residentes en la fábrica, los propios trabajadores, contaban con «vivienda, luz, agua y combustible totalmente gratuitos». Además, disponían de una pequeña porción de terreno para huerta y gallinero. «Los que regresaban a la ciudad de A Coruña tenían en su mente y en su corazón una memorable jornada, y los que permanecieron en sus casas de la fábrica los despedían hasta el año siguiente», indica la crónica.

Con gran cariño lo recuerda Fernando Masafret, que por cierto vivió y creció en la fábrica de Xuvia donde trabajaba su padre y donde disfrutó de una infancia dorada.