El embalse de As Forcadas no alcanza su capacidad máxima por seguridad

ANA F. CUBA VALDOVIÑO / LA VOZ

FERROL

El embalse, prácticamente lleno, en una imagen de hace justo un año
El embalse, prácticamente lleno, en una imagen de hace justo un año JOSE PARDO

El plan de emergencia establece un resguardo de dos metros en invierno por si se produce una avalancha de agua, por lo que nunca se llena del todo

08 mar 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

¿Por qué el embalse de As Forcadas no roza el cien por cien de su capacidad de almacenamiento pese a las intensas lluvias de las últimas semanas o las registradas el pasado mes de noviembre? El miércoles alcanzó los 8,23 hectómetros cúbicos de agua, lo que representa el 83,22 % de la cabida máxima, fijada en 9,89. En realidad, con el vaso a rebosar cabrían 10,7 hectómetros cúbicos en esta superficie de 151 hectáreas, pero no es este el volumen que se toma como referencia a la hora de calcular los porcentajes.

«El plan de emergencia aprobado [en su día] por Augas de Galicia establece una capacidad máxima de 9,89 hectómetros cúbicos, porque hay que dejar un resguardo de seguridad, en este y en todos los embalses, por si viene una avalancha de agua por lluvias torrenciales o por lo que sea, para que nunca se vea desbordado», explica Alejandro Pisa, gerente de Emafesa, la empresa público-privada de aguas de Ferrol, encargada de la gestión del pantano del que se abastecen concello, Narón, Fene, Ares y Mugardos, además de Valdoviño, donde se ubica, con conexión independiente de los otros cinco.

De ahí que la referencia no sean los 10,7 hectómetros cúbicos, sino 9,89, lo que se consideraría el 100 %. Hay que descontar un metro de altura en verano y dos en invierno, «para que no rebose si hay alguna emergencia mientras no se abren las compuestas, por seguridad». Así, durante la temporada más lluviosa, que suele ir del mes de noviembre hasta el de abril, el aforo máximo permitido equivale a alrededor del 85 % de la capacidad. Sin embargo, el resto del año podría rozar los 9,89 hectómetros cúbicos, es decir, casi el 100 %, para contar con reservas suficientes para abastecer a la población en el período más seco.

El embalse se nutre del río As Forcadas, que le da nombre, y también de las escorrentías procedentes de la zona de Moeche, Santa Mariña y Bardaos (San Sadurniño), o Vilaboa (Valdoviño). El gerente de Emafesa indica que el pasado fin de semana, con precipitaciones intensas y continuadas, «hubo que abrir las compuertas [del pantano] para que vaciara, porque el agua subía, subía y subía, y no hay que dejar que supere el nivel de resguardo». Antes se abrió «al máximo» el desagüe de fondo, por el que siempre sale agua para mantener el caudal del cauce fluvial.

Las cianobacterias hibernan

En esta época del año, la atención se concentra en la cantidad de líquido acumulada en el embalse, no tanto en la calidad, algo que preocupa más en períodos largos de elevadas temperaturas y sol, por la proliferación de cianobacterias, «organismos con características tanto das algas como das bacterias, que poden formar compostos tóxicos, cianotoxinas, con diversas estruturas químicas e diferente toxicidade en persoas e animais», según la información disponible en la página web del Servizo Galego de Saúde (Sergas). Es lo que confiere el color verdoso al agua.

«En este momento disminuye mucho el problema, por debajo de los niveles de alarma, porque el grado de concentración se reduce al estar el agua fría y hacer poco sol. En esta época, este tipo de algas bajan al fondo para hibernar, su metabolismo cambia y no necesitan hacer la fotosíntesis», apunta Pisa. ¿Cómo evitar su crecimiento? «Reduciendo sus principales nutrientes, el fósforo y el nitrógeno, es decir, evitando vertidos que contengan estos elementos [...]. Toda la actividad agroforestal que hay alrededor del embalse produce residuos que aportan nitrógeno y fósforo, y cuanto más aporte más alimento tienen y más proliferan», contesta. La competencia, añade, recae en Augas de Galicia.