El atletismo y un amigo excepcional

Ramón Loureiro Calvo
Ramón Loureiro CAFÉ SOLO

FERROL

06 nov 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Hay quien me pregunta de dónde viene mi pasión por el atletismo, por ese deporte que es también literatura (épica y poesía, al mismo tiempo). Y siempre se me ocurre alguna respuesta nueva, pero la verdad es que no me acuerdo. Lo que sí recuerdo es la emoción que me produjo ver, en una televisión en blanco y negro, durante la breve etapa de mi vida que pasé en la barriada fenesa de San Valentín, el 10.000 de los Juegos Olímpicos de Múnich, en el que fue cuarto Mariano Haro y donde también brilló, siendo finalista, Javier Álvarez Salgado. Como recuerdo nuestra ilusión al participar, años después (ya estábamos de vuelta en Sillobre, cuyo equipo competía con una camiseta de color naranja), en los Xogos da Mocidade de Fene, donde quedé cuarto no sé cuántas veces, hasta que por fin logré entrar segundo en la prueba de campo a través, disputada en Magalofes.

Fue una de las mayores alegrías de mi vida: ninguna de las carreras que gané años después despertaron en mí tanta felicidad como aquella primera medalla de los Xogos feneses, la del día en el que, acompañados por Logh Itoh, fuimos a competir a aquel cross (¿cuántos años tendría yo, diez, once...?) en el coche de nuestro vecino Luco, que tan generoso fue siempre con el deporte y con todo. Por desgracia no sé dónde va aquella medalla de plata: ojalá aún la tuviese.

También recuerdo muy bien los años del Concepción Arenal —siempre tengo a mi lado una foto del equipo júnior que disputó el campeonato de España del 82, en Fuenlabrada (Quique Pantín, Juan Rico y Marcelino Amado siguen siendo grandes amigos míos). Y recuerdo, por supuesto, cuánto me conmovió ver por televisión, mientras yo convalecía de una grave enfermedad, cómo José Manuel Abascal conquistaba, en Los Ángeles-84, el bronce de los 1.500 metros, solo superado por Lord Sebastian Coe y por Steve Cram.

El caso es que les cuento esto, y disculpen la emoción, porque Isidoro Hornillos deja la presidencia de la Federación Galega de Atletismo. Tras 16 años en el cargo, no se presentará a la reelección. Y entiendo que no quiera seguir, porque ostentar cargos agota a quien no desea sacarse en procesión a sí mismo. Pero no puedo evitar sentirme triste, porque con él termina un tiempo muy hermoso, en el que se cumplieron muchos sueños. Hornillos logró que el atletismo volviese a ser el espejo de los mejores valores de todo un país.

Un día, rodeados de amigos y de libros, me entregó una placa, en nombre del deporte al que tanto amamos. A mí, que fui el peor atleta del mundo. La placa dice: «Al mejor amigo que ha tenido el atletismo». Pero eso está muy lejos de la realidad, evidentemente. Porque el mejor amigo del atletismo es él: el profesor, y atleta olímpico, Isidoro Hornillos. Un amigo excepcional.