¡Bendita rutina!

Nona I. Vilariño MI BITÁCORA

FERROL

19 sep 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Hermosa mañana la del pasado viernes. La primera, tras la pandemia, en que percibí que volvía la rutina en plenitud. Ir y venir callejero; rostros desnudos, de sonrisa abierta; emotivos saludos y ¡por fin! abrazos sin miedo. Y sentí que nacía una bitácora muy deseada: la que contaría el reencuentro, sin fronteras, con la normalidad perdida por un largo tiempo, que parece robado. Esa mañana, cuando un joven desconocido que sonreía abiertamente con indisimulado propósito de ofrecerme algo, se acercó a mí y me habló con tono cálido y amable, no sentí la necesidad de guardar la distancia, ni reparé en que ni él ni yo llevábamos mascarilla. Me habló un momento de su disco (eso era lo que me ofrecía) sin miedo a la cercanía ni a la duración de la conversación. Atrapé ese momento de modo casi inconsciente. Y, al alejarme, lo miré despacio y me devolvió una mirada de complicidad (o así quise verla). La naturalidad de su cercanía, fue anuncio de la vuelta de encuentros y charlas distendidas en cualquier esquina de la calle. Era el primer desconocido que, desde muchos meses atrás, no despertaba mi recelo al acercarse.

Será porque ya no cuento por años sino por instantes, por lo que sentí la necesidad de mandar al rincón de la memoria protegida del olvido esta vivencia, para unirla a otras que forman parte de la rutina perdida que celebro volver a disfrutar. ¡Bendita rutina! que nos permite compartir el aire que respiramos sin temor a que esconda inesperados huéspedes portadores del mal. Y libera nuestras manos para estrechar las del otro y a nuestra mente de la pesada carga de verlo como peligroso riesgo de contagio del que hay que alejarse…