Confirmación

José Varela FAÍSCAS

FERROL

18 sep 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Me satisfizo que el juicio de dos personas de diferente adscripción ideológica y ninguna del ámbito de la izquierda sobre la figura de Fernando Blanco Aneiros coincidiese con mi íntima convicción personal. Conocí a Blanco en los primeros años setenta. Represaliado por su militancia comunista y activismo sindical, me topé con él al cubrir para La Voz las movilizaciones obreras de aquellos años del tardofranquismo en varias localidades de la comarca, pero cuando verdaderamente alcancé a hacerme una idea de su talla humana y política fue durante su etapa como concejal del PCG, primero, y del PSOE, más tarde, y yo con otra responsabilidad ya en el diario. Pieza clave de las corporaciones municipales presididas por Jaime Quintanilla y Manuel Couce, y muñidor del primer plan urbanístico de la ciudad, obra del arquitecto Juan Luis Dalda, fue, no titubeo al decirlo, el concejal más poderoso de la época. No conocí otro edil que tuviese una idea tan cabal de nuestra ciudad. Añadiré que mantuvimos una sólida amistad y una lealtad recíproca entre un periodista y un político sabedor de la fragilidad dialéctica de esa relación. Pero es inexorable que el poder ha de pagar la factura de la maledicencia, los bulos, las mentiras, el descrédito, el despiadado fuego amigo... Y el fuerte carácter de Blanco amplió la nómina. Sé, claro, cómo se financiaban (¿solo antes?) los partidos políticos. Pero ahora confirmo por esas fuentes citadas al principio lo que para mí tenía por cierto: la honradez de Fernando Blanco: no solo no aumentó su patrimonio sino que contribuyó a suavizar las penurias de algunos de su entorno. No podría decir lo mismo de muchos políticos de la zona.