El dinero del pueblo

José Picado ESCRIBANÍA DE MAR

FERROL

05 sep 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Esto no lo vi venir. Estaba entre las páginas de meteorología tratando de entender qué es lo que se está formando en Groenlandia que nos va a helar en septiembre, leyendo la crisis por el abandono de Ana Blanco del telediario y el batiburrillo (otro más) en el que se metió Feijoo al querer enfrentarse a una galerna desde su añorada caverna X—toupeira— de San Caetano, cuando en las redes sociales de la ciudad naval apareció la exclusiva: «El dinero es del pueblo y las buhardillas no se quitan» o algo parecido. Rápidamente trataron de formarse piquetes que organizaran la «salida a la calle, de ese pueblo» y la recogida de firmas, de ciudadanos del pueblo, deduzco. Nada, pensé mientras despertaba, seguro que se produjo un cruce de cables cibernéticos entre las redes sociales de la plaza de España y las imágenes de los primeros años de Ana Blanco en los noticieros; de ahí que se manifieste el avatar del dinero del pueblo cuando en realidad quisieron decir el dinero público, de los impuestos, de los contribuyentes, de los presupuestos o alguna expresión similar. Por que si no fuese así, ¿de qué dinero se trata? ¿Y de qué pueblo?

En los presupuestos municipales, por centrar un poco el tiro, podemos identificar partidas que se obtienen de los impuestos locales, de transferencias provinciales, de obras financiadas por la administración autonómica, de inversiones que realiza en nuestra ciudad el Gobierno del Estado y de otras que se pagan con fondos europeos.

Por simplificarlo, aunque es una obviedad recordar que ningún pueblo, territorio, provincia, autonomía o Estado paga impuestos. Los impuestos los pagamos las personas, físicas o jurídicas. Por eso resulta tan entrañable como nostálgica la expresión «el dinero del pueblo» Los cacereños, tarraconenses y palentinos nos ayudan a financiar el tren a Caneliñas, con presupuesto del Ministerio de Fomento. Las aceras de Serantes las pagan los compostelanos, coruñeses y mugardeses a través de la Diputación. La digitalización y la Ciudad del Deporte serán financiadas por franceses, italianos y portugueses, gracias a fondos de desarrollo europeos. El arreglo de la Iglesia de Dolores lo pagarán los ourensanos, vigueses y mindonienses, por obra y gracia de la Xunta. El monumento a las víctimas del golpe del 36 lo pagarán vecinos de Santa Marina, Serantes y Caranza, al igual que los fuegos de San Ramón, las sardinas de la Parrocheira y las meninas de Canido. ¿Y la reforma del palacio municipal, a quién se le ocurrió y quién la paga? Pues a los votantes ferrolanos, soberanos electores de los representantes políticos nombrados para que administraran todos los dineros, que tampoco son tantos.