Alberto Juantorena

Ramón Loureiro Calvo
Ramón Loureiro DÍAS DE AGOSTO

FERROL

23 ago 2022 . Actualizado a las 21:57 h.

No crean, aunque lo parezca, que me estoy dejando arrastrar otra vez por la nostalgia. Bien al contrario: si hoy dejo que mi memoria vuele lejos de nuevo no es por melancolía, sino porque creo que ahora es más importante que nunca reivindicar el tiempo en el que las estrellas del deporte no solo eran reconocidas por sus medallas, sino también por el empeño en convertirse —al defender valores como el esfuerzo, la generosidad, la lealtad, el compromiso y la capacidad de sacrificio— en un espejo en el que podía mirarse la sociedad entera. Les digo esto porque me estoy acordando, en este preciso instante, de Alberto Juantorena, el atleta cubano, apodado cariñosamente El Caballo, que maravilló al mundo en los Juegos Olímpicos de Montreal, en 1976, al ganar tanto los 400 como los 800 metros, logrando además en esta última prueba un registro que hasta entonces se había considerado poco menos que inalcanzable, 1:43.50. Admiré mucho a Juantorena tanto en mi infancia como en mi adolescencia. Después, de mayor, seguí admirándolo. Y ni que decir tiene que eso no ha cambiado. Pero a lo que iba: hace unos años tuve la ocasión, gracias a mi amigo Isidoro Hornillos, uno de los grandes velocistas españoles de siempre, de conocer a Juantorena en persona. Permítanme contarles que la conversación que mantuve con él me confirmó que, como imaginaba, es una figura extraordinaria, también desde el punto de vista humano. Un tipo formidable. Las verdaderas leyendas jamás defraudan. Ahora nos llegan, desde Cuba, noticias de que su salud, por desgracia, se ha quebrado, y estamos preocupados. Pero yo estoy convencido de que esta carrera también la va a ganar.