Miguel Delibes sí lo vio venir

José Picado

FERROL

06 jun 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

En el documento presentado por el gabinete de prospectiva, publicidad y propaganda de la Moncloa sobre cómo será la España rural en 2050, se afirma: «Los cambios institucionales y políticos que se produjeron con la llegada de la democracia y la descentralización competencial (léase Autonomías) no tuvieron capacidad para invertir el flujo migratorio del medio rural hacia las ciudades». Traducción: Ni los sucesivos gobiernos nacionales ni los de las comunidades autónomas frenaron la sangría demográfica de la España rural, impidieron que se vaciara y alentaron, por acción u omisión, la emigración hacia las ciudades más grandes, españolas o extranjeras. La guinda del pastel es que la cosa no acaba aquí. Se dice en el citado informe que las zonas rurales perderán un 20 % de población en 2050, sobre lo ya perdido hasta ahora.

Tal vez los cientos de políticos, asesores y expertos consultados que pasaron por los despachos públicos en estos decenios se exculpen en que todo se hizo por el progreso, por el desarrollo, por el crecimiento económico y el afán por alcanzar el bienestar colectivo. Y todo eso estaba en las grandes ciudades, cunas del saber y la cultura y la ciencia y la salud.

La vida en los pueblos, villas y aldeas era prescindible, un pequeño peaje a pagar sin mayores consecuencias. Tomemos, desde aquí, el ejemplo de esta Galicia vacía y vaciada de las comarcas de Ferrol, Eume y Ortegal que ya ha perdido la tercera parte de su población en este período y que, pronostican los sabios, perderá otra quinta parte en las próximas décadas.

Sobre los grandes desafíos como el reto demográfico y el cambio climático escribió Miguel Delibes en todos los regímenes que gobernaron todas las Españas. En El camino, años 50, Daniel, el Mochuelo, se resistía a «abandonar la vida comunitaria de la pequeña villa para integrarse en el rebaño de la gran ciudad». En los 70 fijó su credo en el discurso de entrada en la Academia de la Lengua: «…el verdadero progreso no estriba en un desarrollo ilimitado y competitivo… ni en fabricar cada día más cosas… ni en destruir la naturaleza… sino en racionalizar la utilización de la técnica, revitalizar los valores humanos y establecer las relaciones hombre-naturaleza en un plano de concordia». Delibes, que llamaba a las cosas por su nombre, dejó un legado de artículos, conferencias, discursos y novelas en los que alentó la necesidad de embridar la técnica al servicio del hombre, el respeto a la naturaleza, la cultura del campo y la vida al ritmo de las estaciones en pueblos que sostienen el agua limpia, el aire limpio y los alimentos limpios. Esos pueblos que los políticos del presente definen como territorios de esperanza para 2050. Delibes lo vio venir en 1950.