Un año luchando contra el covid en la uci de Ferrol: «Fue como trabajar en una situación de guerra»

Bea Abelairas
Bea abelairas FERROL / LA VOZ

FERROL

El virus fue un «tsunami» en unidades para los pacientes más críticos del CHUF

18 mar 2021 . Actualizado a las 08:53 h.

Nadie olvida el paso por una uci, incluso aunque solo sean recuerdos muy amortiguados por los sedantes. Es como estar en el espacio, completamente perdidos sino fuese por los cuidados y la calma que aportan los sanitarios. Es de las pocas cosas que la pandemia no ha cambiado en los hospitales: ayer se cumplió un año desde que llegó el primer enfermo de covid a la primera unidad de cuidados intensivos del Arquitecto Marcide de Ferrol, un año en el que trabajar en las sucesivas ucis que fue abriendo el área sanitaria de Ferrol se convirtió en una profesión de riesgo, porque para cuidar a cada contagiado se necesitan a muchos profesionales que deben estar a unos centímetros para ponerle medicación, asearlo o moverlo con sumo cuidado, en especial cuando están boca abajo para poder soportar el respirador, como sucedía ayer mismo cuando La Voz entró en este servicio. «Fue muy estresante, con jornadas muy duras, y una adaptación al contexto covid muy rápida», cuenta Francisco Castro Seoane, jefe del servicio de Anestesia y Reanimación, que se dedicó al covid en lo peor de la pandemia.

Isabel Diéguez, jefa de las ucis del CHUF, y Francisco Castro, jefe de la unidad de Anestesia y Reanimación, que se unió al servicio de ucistas para ayudarles en la pandemia
Isabel Diéguez, jefa de las ucis del CHUF, y Francisco Castro, jefe de la unidad de Anestesia y Reanimación, que se unió al servicio de ucistas para ayudarles en la pandemia CESAR TOIMIL

Los enfermos más graves sufren crisis de forma inesperada y los equipos tienen que reaccionar al momento. «Desde el principio nos sorprende lo rápido que empeoraban algunos enfermos», cuenta Isabel Diéguez Álvarez, la jefa de las Unidades de Cuidados Intensivos del Complejo Hospitalario Universitario de Ferrol, que ayer estaba en una de las muchísimas guardias (casi se han multiplicado por cinco) que ha tenido que hacer durante este año. «Hemos comprobado la capacidad de adaptación que podemos tener para asumir situaciones que dentro del trabajo normal no te las planteas, situaciones muy críticas de repente, casi como en una situación de guerra», enfatiza Francisco Castro, que al igual que Isabel Diéguez reconocen estar cansados física y mentalmente.

Desde hace doce meses el virus ha puesto a prueba a unos equipos que han tenido que esforzarse al máximo para atender muchos pacientes graves al tiempo; para formarse en tiempo real sobre una enfermedad totalmente desconocida y para dar malas noticias a unas familias con las que se tenían que comunicar solo por teléfono. «Hemos aprendido a trabajar bajo una presión inimaginable antes, cansados física y psíquicamente, pero manteniendo el tipo y sin pensar en rendirse en ningún momento», explica la responsable de una unidad donde ahora están ocho personas, pero donde llegaron a ser una treintena el 28 de enero.