Belén Toimil y el arte de mirar lejos


En contra de lo que parece ser la opinión más generalizada, no creo que haya nada de malo en emocionarse. Es más: me parece que el hecho de que alguien se conmueva ante la grandeza de lo que otros han hecho -ya se trate de un acto de generosidad o heroísmo que se pretendía mantener en secreto, de una obra de arte, de una gesta deportiva, de unas palabras de aliento, de un buen pan recién salido del honor, de un viejo puente de piedra o, incluso, de la belleza de una ciudad entera- debería verse como lo más normal del mundo, puesto que ningún mal hay, o al menos así me lo parece a mí, en dejar que el corazón nos lata con más fuerza cuando tenemos ante nosotros cualquiera de las cosas -y los ejemplos podrían ser infinitos- que, por lo general a cambio de nada, hacen que sean mejores los días. Y me ha emocionado mucho, por cierto, el récord de España de lanzamiento de peso logrado por la mugardesa Belén Toimil, una atleta extraordinaria. El atletismo, en mi opinión particular, es mucho más que un deporte, porque todo lo que en él hay de épica -y a menudo de poesía- lo convierte también en literatura. Y además porque en él, frente a cualquier adversidad, cada cual compite, sobre todo, y más incluso que contra los rivales, consigo mismo. Hablando de literatura, quería comentarles que estos días, junto a algún otro libro más -entre ellos un precioso estudio de Abel Vigo sobre el origen de la casa de Mondoñedo en la que Cunqueiro escribió sus mejores libros, que era la de su hermana Carmiña, frente a la catedral mindoniense: una casa hoy convertida en museo-, leo Santiago Montero Díaz e Manuel Rodrigues Lapa: cartas a Ricardo Carvalho Calero, volumen que ve la luz en edición de Luis Alonso Girgado, Laura Caamaño Pérez y Laura Piñeiro Pais, en el marco de la Colección Cadernos Ramón Piñeiro, que dirige Armando Requeixo. El paso del tiempo, que por lo general suele ser un buen juez, sigue agrandando la figura de Carvalho. Una figura, absolutamente poliédrica (el escritor y profesor ferrolano brilló en ámbitos tan diversos como la narrativa, el ensayo, la poesía y el teatro), que, como todo lo realmente importante, precisa de una buena perspectiva para poder ser apreciada en su verdadera dimensión. A Carvalho Calero, la eternidad ya le pertenece. Y a Belén Toimil le pertenece el futuro. Lo mejor de Galicia siempre supo mirar lejos.

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