Ferrol

La hostelería salió ayer del letargo impuesto por las restricciones derivadas del coronavirus. Un mes sin ver a su clientela, desde que a finales de enero se ordenase el cierre total de los establecimientos. Algunos amanecieron todavía con las persianas bajadas. «No compensa», señalaban incluso los que sí optaron por abrir. En circunstancias normales, el bar Índalo, en la plaza naronesa de A Gándara, daría trabajo a cuatro camareros y a otras dos personas en cocina. Ahora solo hay faena para un par de empleados. José, el titular, asegura que su intención es «recuperar a todos los trabajadores en ERTE cuanto antes», pero teme que la pieza no dé para el tacón. El hostelero sostiene que las ayudas no llegan y que tendrá que hacer muchos números para ver si la apertura cubre al menos los gastos: «Son muchas cosas; alquiler, luz, agua… y muchos recibos pequeños como Internet o la asesoría [...] y están los créditos ICO, que ahora hay que pagarlos con intereses».

Día soleado

Lo cierto es que la jornada de parcial reapertura estuvo acompañada por buen clima. Animó al terraceo. En Ferrol, Amboage, el Callao, el muelle o la calle Magdalena lucían mesas y sillas con un flujo caudaloso de clientes. También el barrio de Ultramar vio como un buen puñado de negocios retomaban el ir y venir de bandejas. A las once de la mañana, las plazas exteriores del Valencia estaban completas. En una de ellas, cuatro clientes habituales del establecimiento: Teresa se sentaba al sol con María del Carmen, Carlos y Adolfo. «Veníamos todos los días. El primer café de hoy ya me lo tomé a las ocho; este es el segundo». Había ganas de volver. Unos metros calle abajo, en el número 50 de la Venezuela, Lorena y Juan, socios del bar Puro Gusto, daban fe de ello: «Algunos clientes querían que les reservásemos las mesas», bromeaban mientras despachaban en terraza. En ese mismo entorno, en la esquina con la calle Argentina, Alexandra hacía lo propio con su fiel clientela del Salem’s. Durante el último mes, el negocio estuvo cerrado a cal y canto. Ayer se incorporó un empleado y otro sigue en ERTE. «Quizá la próxima semana....». La ayuda familiar fue crucial para esta hostelera que, igual que su colega de A Gándara, dice que «las ayudas no dan más que para pagar facturas». Sacar un jornal con las capacidades actuales ya no entra en sus planes. «Pan para hoy y hambre para mañana», señalaba en este mismo sentido Fina, la dueña de A Nogueira, en el barrio ferrolano de Canido.

«Construir una terraza es un señor gasto, pero no queda otra para poder abrir»

Eva Sendón, propietaria del bar Druida de la calle Vigo de A Gándara, instala una terraza para poder abrir
Eva Sendón, propietaria del bar Druida de la calle Vigo de A Gándara, instala una terraza para poder abrir

 

El nivel actual de restricciones en la comarca -salvo en Moeche, que sigue con limitaciones máximas- permite abrir la hostelería hasta las 18 horas y solo con el 50 % de aforo en terrazas. Esto es, sin instalaciones exteriores, no hay negocio. Narón, como otros municipios de la zona, suspendió la tasa de las terrazas y en el pleno del pasado jueves aprobó por unanimidad extender la medida hasta el 2022. De esto se beneficiarán hosteleros como Eva Sendón, que se metió de lleno «en un señor gasto» para dotar de terraza su local, el bar Druida, en la calle Vigo de A Gándara: «No queda otra para poder abrir». La estructura tomaba ya ayer forma y espera que la semana que viene pueda levantar la verja.

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«Mi intención es recuperar a todos los trabajadores en ERTE»