En busca de los tesoros «kilómetro cero»

Sin salir del municipio se puede descubrir un paisaje diverso, la riqueza medioambiental y el patrimonio histórico, arqueológico y geológico

El parque natural de las Fragas do Eume se reparte entre los concellos de A Capela, Monfero, As Pontes y Cabanas
El parque natural de las Fragas do Eume se reparte entre los concellos de A Capela, Monfero, As Pontes y Cabanas

Ferrol

El paisaje, la naturaleza y el patrimonio histórico constituyen los mayores tesoros de las comarcas de Ferrolterra, Eume y Ortegal. Cada municipio atesora su particular perla medioambiental, en forma de sierra, bosque, río o acantilado. El parque natural de las Fragas do Eume es compartido entre A Capela, donde se erige el monasterio de Caaveiro, Monfero, con el monasterio de Santa María, As Pontes, Pontedeume y Cabanas. Se trata de uno de los bosques atlánticos de ribera mejor conservados de toda Europa, con robles, chopos, fresnos, alisos, más de una veintena de especies de helechos y 200 de líquenes.

Varios senderos jalonan las 9.000 hectáreas de superficie de este espacio natural. Cerca, en el centro de Pontedeume, se encuentra el tejo de la Casa dos Tenreiro, que figura en el Catálogo de árbores senlleiras de Galicia, por sus características excepcionales, igual que los metrosideros excelso situados en los jardines de la Torre dos Andrade. La villa eumesa conmemoró en 2020 los 750 años de su fundación y, entre las iniciativas del Concello, destaca la aplicación de realidad aumentada que permite viajar a la Edad Media.

Monasterio de Caaveiro, en el municipio de A Capela
Monasterio de Caaveiro, en el municipio de A Capela

«Hay cuatro peanas, en el Torreón, el puente de piedra, la iglesia y la alameda, y en cada una aparece un código QR. Basta con leerlo para descubrir cómo era la muralla, el interior del pazo dos Andrade [hoy, mercado municipal] o el Torreón», explica Silvia Sanmartín, una de las técnicas de turismo de la localidad. La riqueza arquitectónica de la comarca se observa en los castillos. En la parroquia eumesa de Nogueirosa se halla el de Andrade, construido entre 1369 y 1377 por Fernán Pérez de Andrade, sobre la peña Leboreiro. El de Moeche fue levantado en el siglo XIV, con un foso excavado en la roca. En el de Naraío, en San Sadurniño, se ha instalado una estructura para poder subir al alto de la torre.

El Torreón dos Andrade es uno de los puntos donde se puede acceder a la aplicación de realidad aumentada que recrea el Pontedeume medieval
El Torreón dos Andrade es uno de los puntos donde se puede acceder a la aplicación de realidad aumentada que recrea el Pontedeume medieval

Esta fortaleza medieval reabrió al público, tras las obras, poco antes de que se declarara el primer estado de alarma. Desde allí se baja hasta la cascada del río Castro. En la costa de Cedeira se erige el castelo da Concepción, una construcción militar del siglo XVIII, accesible desde el puerto o por carretera. Justo allí, en la punta de O Sarridal, se encuentra el yacimiento del Campo do Castro. Las sucesivas intervenciones llevadas a cabo en los últimos años condujeron al descubrimiento de una sauna castrexa, la quinta que aparecía en Galicia, datada en el siglo III antes de Cristo. «Iso marcou unha diferenza do que se consideraba ata entón dos monumentos con forno, que eran da época galaico-romana», remarca el arqueólogo Emilio Ramil, que ha dirigido todas las excavaciones. Entre los últimos trabajos destaca la consolidación de las estructuras, a la vista de quien se acerque.

En el castro de Punta dos Prados, en Espasante, se conservan restos de una sauna castrexa; y en la parroquia ortegana de San Adrián, los vestigios del castelo do Casón, adscrito a la Alta Edad Media. Tras años de abandono, en 2015 se desarrolló una excavación, que dejó a la luz la planta rectangular de la edificación, con tres recintos amurallados reforzados por torreones de planta circular. Es un extraordinario mirador a la ría de Ortigueira.

El patrimonio geológico

La riqueza geológica representa otro de los valores de esta comarca, que se plasma en el proyecto del Xeoparque do Cabo Ortegal, del que forman parte los municipios de Cariño, Cedeira, Cerdido, Moeche, Ortigueira, San Sadurniño y Valdoviño. Buena parte de este territorio pertenece a la Zona de Especial Conservación (ZEC) Costa Ártabra, la ZEC Ortigueira-Mera, la Zona de Especial Protección de AVES (ZEPA) de la ría de Ortigueira y Ladrido, el Convenio de Ramsar (figura de protección internacional de los humedales), la ZEPA Costa de Ferrolterra-Valdoviño, la ZEC Xuvia-Castro o la ZEC Estaca de Bares. Juntos suman más de 80 puntos bajo algún tipo de figura de protección.

Sobresalen, por su relevancia geológica, el entorno del cabo Ortegal, con los islotes de Os Aguillóns y la punta y los acantilados de O Limo; los acantilados de Vixía Herbeira o la playa de Teixidelo, la única de arena negra no volcánica de la Tierra; Vilarrube, la playa de Pantín o la laguna de A Frouxeira; la falla de As Pontes-Pedroso, el valle del río Castro, las canteras de Lamas, Penas Albas, Caleira y Ferrerías; las minas Piquito, de A Barqueira y Corvelle; los macizos do Ermo, dos Penidos y Ladrido; o la playa de Picón.

El lago de As Pontes es otro de los espacios de referencia de la zona. La villa minera alberga un museo de arte urbano, con murales repartidos por sus calles, que se complementan con una ruta literaria por los pasos de cebra.

A pie o en bicicleta por las sendas que jalonan los concellos de la comarca

m. a./ a. c.

Por la costa de Loiba discurre la senda natural del Cantábrico
Por la costa de Loiba discurre la senda natural del Cantábrico

Sin salir del municipio de Mañón se puede recorrer el río Sor, con varias rutas, caminando entre refugios: desde Ponte Segada hasta O Cascón, O Salustio y Augas Caídas; del refugio de O Ulló al de A Furada y Ponte do Porto; o por el cauce hasta O Ulló, esta última homologada como PR-G8. A quienes viven en Ortigueira, Mila Fraga, desde la oficina de turismo, les lanza propuestas variadas: Una ruta circular de cinco kilómetros en O Casón (San Adrián); el sendero del borde litoral (por la ría), diez kilómetros ida y vuelta o siete siguiendo por la circunvalación; Espasante con salida y regreso a la plaza de San Antón (tres kilómetros) o la senda natural del Cantábrico, entre Loiba y Ladrido (15 kilómetros). Para los entusiastas «das enchentes dos ríos», que los hay, vale la pena acercarse a los cauces estos días, en especial en la isla de Mera.

Vista desde el monte de San Antón do Corveiro, en Cedeira
Vista desde el monte de San Antón do Corveiro, en Cedeira

El Camiño de San Andrés de Teixido se puede recorrer por tramos, cada uno dentro de su concello. En el trayecto final, en Cedeira, desde O Porto do Cabo, se renovó la señalización a finales de 2020. Mar López, responsable de la oficina de turismo, sugiere otros itinerarios de menos de cinco kilómetros y escasa dificultad: las calas y el faro de Robaleira, el paseo de Robaleira y el Camiño de San Antón. Y paseos urbanos: playa de A Magdalena, paseo fluvial del Condomiñas y paseo marítimo, hasta la punta de O Sarridal.

Valdoviño ofrece la ruta hasta el Alto da Vela, en Meirás, la de punta Chirlateira, la senda das Ondas o la de la laguna de A Frouxeira. Los cariñeses tienen la oportunidad de explorar el camino de San Xiao, que conduce al santuario y continúa hasta el faro del cabo Ortegal; el que lleva al mirador de A Miranda o el que va hasta Herbeira. En Cabanas, los arenales de A Madalena (al pie del pinar) y Chamoso son dos referentes. En A Capela, aparte de las rutas que discurren por el parque natural, se puede caminar hasta el parque etnográfico del río Sesín (con los molinos restaurados) y seguir hasta la central hidroeléctrica de A Ventureira. Además de descubrir los altos del Fontardión y de acercarse a O Forgoselo, donde está el curro.

San Sadurniño ofrece rutas por distintas parroquias, como la del río Aceiteiro, desde la plaza do Concello hacia la capela de Belén, y desde ahí, por Agra, hasta un pequeño puente, donde arranca el sendero. La subida al pico de Ferreira, desde la iglesia de San Paio, es otra propuesta, como la del pozo de Lamas (en Igrexafeita), dos kilómetros de dificultad alta que transcurren a través de bosque atlántico.

La senda del río Belelle conduce hacia la Fervenza en un paseo que encuentra la central hidroeléctrica
La senda del río Belelle conduce hacia la Fervenza en un paseo que encuentra la central hidroeléctrica

Una tirada larga, forestal y bien balizada, invita a pisar monte en As Pontes, desde el parque municipal de A Fraga en una ruta circular, con dos variantes. La corta, de unos 20 kilómetros, discurre paralela al río Eume hasta el pantano de A Ribeira; pasa por el campamento de Vilarbó y sube A Fraga do Lostegal, en cuyo alto bifurca hacia la ruta más larga, de unos 30 kilómetros. Se encuentran de nuevo en A Carballeira, antes de una bajada vertiginosa hacia A Cuíña, para coincidir de nuevo en el cauce del Eume.

De vuelta a la costa, la senda Ártabra permite recorrer varios kilómetros en diferentes municipios. Con inicio en la playa ferrolana de Ponzos, las variantes elevan las rutas desde el nivel del mar hasta el alto usado en parapente. El tramo naronés descubre sus tres calas (Casal, Hortiña y Lopesa) y el de Valdoviño pone fin en Campelo.

De leyendas y fortalezas a los privilegiados balcones naturales

 

Narón atesora la leyenda de una enigmática doncella que se transforma durante la noche del solsticio de verano. Ocurre en Pena Molexa, una roca gigantesca que se puede visitar en la parroquia de O Val. Es uno de los rincones naturales más mágicos del municipio, aunque sin salir de sus límites se encuentran otros tan majestuosos como el monte dos Nenos, en Sedes, donde se conservan los vestigios más antiguos del ayuntamiento, con más de 3.000 años de historia.

Historia más reciente, pero no menos espectacular, es la que se puede descubrir en el ayuntamiento Ares. Entre las muchas rutas y rincones con encanto, las baterías militares de Sudova, Coitelada y Segaño constituyen un balcón privilegiado con vistas hacia el mar y a la ría de Ferrol. Además, de los vientos de la noche del 22 de noviembre del 2019 surgió un nuevo mirador en la villa aresana. Aquella madrugada de temporal, el buque quimiquero Blue Star encalló en los islotes de As Mirandas. La infraestructura construida para llevar a cabo las tareas de reflote se ha convertido en una atalaya desde la que contemplar la belleza de la zona.

El nuevo mirador de Ares se erige sobre los acantilados donde encalló el Blue Star. Se mantiene el mástil con el que se acometieron parte de las tareas de reflote
El nuevo mirador de Ares se erige sobre los acantilados donde encalló el Blue Star. Se mantiene el mástil con el que se acometieron parte de las tareas de reflote

Y si Ares vigila el mar desde los antiguos puestos militares, Mugardos hace lo propio en la bocana de la ría. La fortaleza de La Palma flanquea el paso por entrecastillos en cuya ensenada también flota una suerte de leyenda en torno a una piedra de buenas y redondeadas dimensiones. En bajamar, la roca conocida como «O cu da raíña» vela sobre las aguas y recuerda que, según la tradición, las posaderas reales de Mariana de Neoburgo -esposa de Carlos II- fueron a dar contra la peña después de que su barco embarrancase a causa de una fuerte borrasca en 1690. Tradición también guarda el casco de Neda. En una de sus iglesias, la de Santa María, hay una gran talla gótica, inglesa, de estilo Tudor, que salvó de las llamas anglicanas el capitán John Tudor. Un cristiano que arribó en la costa local, como otros tantos que se aventuraban al Camino Inglés, cuyo trazado atraviesa Fene.

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