Sara Couce: «Casi siempre me eligen para doblar a la mala, al niño cafre o a los frikis»

La mejor herramienta de trabajo de esta fenesa es su voz. Con ella da vida a personajes de Netflix como Kipo, enseña canto y hace vibrar a los fans del grupo de indie pop Superglú


ferrol / la voz

Una se enchufa a ver una serie en Netflix o HBO y lo que menos se puede imaginar es que a este o a aquel personaje le pone voz una chica de aquí al lado. De Perlío, sin ir más lejos. Pero es así. Resulta que Sara Couce (Fene, 1989), a la que muchos conocen como cantante y bajista del grupo ferrolterrano Superglú, es también actriz de doblaje. Y desde hace ya siete años, presta su voz a documentales, pero también a personajes de películas y series de televisión. La lista es bastante larga, pero, para no extendernos demasiado, pondremos solo algunos ejemplos. Sara es la voz de Kipo, la optimista y atípica heroína de la serie de animación del mismo nombre que se emite en Netflix. También ha doblado a la oveja Lanitas de Doctora Juguetes o a Zeta en Shimmer y Shine. Y gracias a ella podemos escuchar hablar en español a una de las protagonistas de la serie Pares y Nones de HBO. O también a Tomika, la bajista y cantante adolescente de la serie Escuela de Rock.

«Tal vez sea por mi voz grave, pero los personajes que me ofrecen nunca son angelitos ni la típica princesita. Casi siempre me eligen para doblar a la mala, al niño cafre o a los frikis», comenta entre risas Sara. Esta «perliense» -como dice ella, «porque yo soy muy de mi parroquia»- descubrió su pasión por el doblaje tras estudiar Comunicación Audiovisual en Santiago. Un amigo le habló de un estudio de Ferrol que impartía cursos, se animó a probar... Y fue así como Sara aprendió las primeras lecciones del oficio en las salas de Penteo Films, en la parroquia ferrolana de Serantes, de la mano de José Polo. «Yo al principio pensaba que no iba a servir para esto, porque veía que no tenía la típica voz de la chica prota de una comedia romántica, pero él siempre me animó y me decía que no me tenía que comparar con nadie. Fue muy buen maestro», dice con agradecimiento hacia su primer profesor.

«Culo inquieto»

Aquel curso se celebró en el 2012, y desde entonces, Sara no ha dejado de trabajar para estudios de la zona de Santiago y A Coruña. Asegura que le encanta su profesión, porque «cada rol supone un reto», «siempre estás aprendiendo», y eso encaja muy bien con su carácter de «culo inquieto», nunca dispuesto a acomodarse. Entre sus personajes preferidos, cita a Kipo, porque es muy «flower power», «siempre piensa que todo se puede resolver con amor» y también por su fuerte carácter. «Veo que los personajes femeninos de las series están cambiando, cada vez hay más chicas guerreras en vez de niñas dulces y ñoñas, y eso me gusta», afirma complacida.

Sara asegura que para ser una buena actriz de doblaje hay que «mimetizarse con el personaje» y «pasar desapercibida». «Si estás viendo una película y te fijas en el doblaje es que algo falla», advierte. Pero cuando le toca pisar el escenario, como cantante y bajista, Sara se transforma. Y ahí sí que nunca pasa desapercibida. «Es que Sarita es pura energía, un auténtico animal de escenario, y en el día a día, una persona que transmite amor por los cuatro costados», dice de ella Coke Blanco, compañero de andanzas musicales en Nuevo Plan.

Sara milita en este grupo ferrolano desde hace tiempo -también estuvo en formaciones como Lluvia nueva o Death Avenue-, pero su banda de cabecera es Superglú, donde más que compañeros ha encontrado una segunda familia. Tras sacar a la luz Qué bien! y Revolución, el grupo se prepara ahora para lanzar su tercer disco. «Son diez temas muy superglú, porque son muy variopintos, y los vamos a ir presentando poco a poco, cada single con su vídeo», anuncia ilusionada Sara, que además del bajo también toca el piano y el ukelele y da clases de canto en la Escuela de Teatro El Ruiseñor de Culleredo, donde vive con su pareja.

Me cuenta que hace tres años la tuvieron que operar de un pólipo en una cuerda vocal, y por eso ahora se cuida mucho la voz. «Como les digo a mis alumnos, lo más importante es el descanso y calentar siempre la voz antes de cada actuación», revela. Para terminar, le pregunto por ese personaje soñado al que le gustaría doblar. Y después de pensarlo un rato, responde sin dudar: «Sería estupendo poder doblar a Scout, la niña de la película Matar a un ruiseñor. Me encanta ese personaje».

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