«El sombrero favorece, quien lo lleva por la calle demuestra personalidad»

ANA F. CUBA PONTEDEUME / LA VOZ

FERROL

La sombrerera eumesa, en su taller, rodeada de algunas de sus últimas creaciones
La sombrerera eumesa, en su taller, rodeada de algunas de sus últimas creaciones JOSE PARDO

La eumesa Julia Pérez Vilariño es la quinta artesana de la sombrerería reconocida como tal en Galicia

04 ene 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

En su casa siempre se ha usado sombrero, conserva alguno de su abuelo y de su padre, y un tocado de plumas «precioso» de su abuela. Julia Pérez Vilariño (Pontedeume, 38 años) suele llevar sombrero, sobre todo en invierno. «Favorece, ayuda a sacar partido y también a tapar lo que no quieres que se vea, termina un look -subraya-. Me llama la atención la gente que lo lleva por la calle, demuestra que tiene personalidad». Ella se ha empeñado en vivir de la confección de sombreros y en diciembre recibió la noticia de la concesión, por parte de la Xunta de Galicia, de la carta de artesana «polo exercicio da actividade artesanal de sombreiraría».

Esta eumesa estudió Trabajo Social en Santiago, pero antes se había matriculado en el ciclo de Estilismo e indumentaria en la Escola de Arte e Superior de Deseño Mestre Mateo, que no finalizó pero sí le sirvió para aprender «las bases de patronaje, costura o diseño», que ahora aplica en su taller en Pontedeume. Durante varios años ejerció como trabajadora social. Cuando se casó se fue a vivir a Puertollano, localidad natal de su marido, y a finales de 2012 regresaron a la villa eumesa. «Mi padre había fallecido y yo estaba en el paro, y montamos una tienda mi madre y yo, La Coqueta», relata.

Aprendió con Félix de Martín

Julia habla con cariño de «la mercería creativa [que cerraron en 2019]», donde impartían cursos de manualidades para niños, talleres de ganchillo o patchwork, y donde se atrevió incluso con algún tocado, de forma autodidacta. «Para lo que yo quería hacer me faltaba técnica, necesitaba a alguien que me enseñara», recuerda. En 2018 le hablaron del ourensano Félix de Martín y se apuntó a un curso de sombrerería básica, «a ver si era lo que estaba buscando». Y atinó. «Me atrapó el entusiasmo que siente por el oficio, transmite pasión por lo que hace, me la contagió y me metí de lleno», confiesa.