Recuperación y resiliencia


Los españoles somos catedráticos escribiendo planes. Planes estratégicos, planes directores, planes sectoriales o planes de márketing. También destacamos en la redacción de protocolos y en la fabricación de textos legales. Otra cosa es aprobarlos y cumplirlos. Esto ya no se nos da tan bien. Desviamos nuestros esfuerzos en cosas más importantes, como la construcción de hospitales sin personal sanitario, aeropuertos sin aviones, estaciones intermodales sin trenes ni autobuses y palacios de congresos sin congresos ni gente ni nada. Llegados a este punto he de confesarles que creo conocer la explicación a este fenómeno: somos un país con excelentes publicistas. Los creativos de las agencias de publicidad españolas son admirados en medio mundo y hasta llegan a competir con los argentinos, que ya es decir. Y claro, este buen hacer de las campañas publicitarias ha calado en la clase política y el resultado salta a la vista.

Nos infectó el covid-19 llevándose por delante miles de vidas y dejando a su paso una infernal crisis sanitaria, económica y social. Estamos en medio de la segunda ola y el conocimiento científico nos recuerda que la batalla no terminó. Toca diseñar un nuevo plan para hacer frente a esta lacra, aunque esta vez no se ha hecho un plan de ocurrencias. La Unión Europea está detrás ?sin que sirva de precedente- con el nuevo Fondo de Recuperación Next Generation EU. El Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia español está incardinado en él y permitirá la movilización extraordinaria de recursos (transferencias y créditos) destinados con carácter finalista a proyectos de recuperación y transformación de nuestra maltrecha economía.

Las 58 páginas de este plan recogen 4 líneas directrices y diez políticas palanca que serán tuteladas (gracias a los dioses de la mar) por la vicepresidenta Calviño, esa ministra gallega que sabe de lo que habla y habla de lo que sabe, especialmente en materia económica. Por eso nos recuerda, insistentemente, que «tan importante como la cantidad es la velocidad con la que seamos capaces de impulsar las inversiones públicas que pueden movilizar también la iniciativa privada».

No vaya a suceder que una vez más la burocracia y la lentitud administrativa frenen, por pura ineptitud, la llegada de los dineros que tanto necesitamos. Podemos construir una España más verde, más digital, más igualitaria y más cohesionada, de la que no deben ser protagonistas ni las ínfulas separatistas, ni las nostalgias franquistas ni los populismos efímeros. Tampoco la España burocrática e improductiva, regida por el calendario fiestero, el fracaso escolar y el apego al pensamiento único, tan alejados del progreso al que debemos aspirar.

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