Ferrol

Tomarse el café al sol y en la calle se ha convertido en una costumbre de la nueva normalidad traída por el coronavirus. Alentada por jornadas soleadas como las que encadena este mes de noviembre, esta rutina ha llenado de gente plazas y espacios públicos de la ciudad. Y agota cada día la capacidad de los bancos en los lugares más céntricos. «Como no vengas pronto, no coges sitio», asegura una mujer que comparte banco en Amboage con dos amigas. Es el lugar más concurrido. A media mañana los 25 asientos que rodean el perímetro circular de la plaza están ya ocupados. En algunos, hay personas solitarias que miran de forma despreocupada el móvil o aprovechan para bajarse la mascarilla y echarse un pitillo. En otros, parejas de avanzada edad que buscan un respiro a su paseo matutino. Y otros, los más, grupos de personas, en algunos más de una decena, con corrillos de chavales del centro educativo próximo que ojean apuntes y charlan animadamente.

Cada una con un vaso desechable de café en la mano, recién adquirido en uno de los pocos establecimientos hosteleros que continúan abiertos en las cercanías, departe el trío de mujeres. Lo hacen sentadas prácticamente en el mismo lugar que frecuentaban a diario, pero en lugar de sentarse en una terraza ahora lo hacen en uno de los curvilíneos bancos de madera blancos. Encontrar sitio se ha convertido en un reto. «Como no vengas pronto, los banquillos... vamos a tener que traer las sillitas de la playa, ¿eh?», dice una de ellas. Por eso, ayer a las diez y media ya habían ocupado posiciones. «Hacemos todo antes en casa y venimos corriendo para coger sitio», explican. Al principio, recuerdan, «estábamos dos por banco. Ahora ya imposible. Estamos peor que en la terraza, porque en las mesas estábamos a distancia». Ellas ya lo son, pero «aquí haces amigas aunque no quieras», señalan.

Todo empezó con el cierre de la hostelería. «Antes cogías banquillo en cualquier momento». Ahora, bromean, «es como en los otros bancos: hay que hacer cola».

Plaza de Armas. La escalinata del Concello y la peana de la escultura Toros ibéricos son utilizados para sentarse
Plaza de Armas. La escalinata del Concello y la peana de la escultura Toros ibéricos son utilizados para sentarse

Cambio de perfil de los usuarios

Amboage es el lugar más saturado, pero no el único que muestra la tendencia. Además, el perfil del usuario ha cambiado. Y mientras antes los bancos eran patrimonio mayoritariamente de personas mayores la media de edad ha rejuvenecido. Jóvenes y adultos de mediana edad copan buena parte de los asientos. Como Ainhoa y Mar, compañeras de trabajo que se encontraron casualmente y decidieron compartir charla y café en la plaza de Armas, cada una sentada en el extremo de uno de los ocho bancos dobles existentes. «Somos casi convivientes», matizan. ¿Utilizaban antes los bancos? «Nunca», reconocen. Pero la supresión de las terrazas ha cambiado su lugar de encuentro. Una docena de personas se repartían ayer a las doce del mediodía entre los bancos. Y otras tantas se encontraban asentadas en la escalinata del Ayuntamiento. Hasta la peana de los Toros ibéricos tenía dos ocupantes.

Y en el Cantón, el lugar de paseo por antonomasia de Ferrol, la estampa se repetía. De la veintena de bancos en la alameda principal, eran contados los que permanecían vacíos. «Es difícil encontrar uno libre», advierten Elisa y Pablo, estudiantes de Diseño Industrial, que a media mañana tomaban un zumo y galletas. No tenían clase. «Ahora no se puede parar a hablar por los pasillos ni por el campus», explicaron, así que encontraron en la alameda el lugar idóneo para pasar un rato de la mañana al sol. Allí, el banco de piedra corrido se ha convertido ahora en otro de los lugares preferidos. Y en su lineal asiento eran más de una docena las personas que ayer veían pasar la mañana. «Mientras haga buen tiempo se lleva bien», coincidían varios usuarios, habituales de terrazas ahora cerradas. Los 19 grados de temperatura máxima de ayer animaban a hacerlo, aunque para la semana ya se aguardan lluvias y un descenso del termómetro.

Cantón de Molins. LOs paseantes usan también el banco corrido de piedra para tomarse un descanso
Cantón de Molins. LOs paseantes usan también el banco corrido de piedra para tomarse un descanso

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«Aquí haces amigas aunque no quieras»