El viejo arte de tocar las campanas se resiste a desaparecer en el siglo XXI

Jóvenes campaneros como Bruno Aneiros mantienen viva, todavía, la tradición


FERROL / LA VOZ

Lo dice Bruno Aneiros Couce (Sillobre, Fene, 1998), uno de los campaneros más jóvenes de España y un verdadero defensor del arte de tocar las campanas: «Hay tradiciones que no deberían de perderse jamás, porque son mucho más importantes para la gente de lo que se cree. Pero mantenerlas es cada vez más difícil, porque entre las personas de mi edad -recalca- el interés, lamentablemente, es mínimo». «Es verdad que veces -comenta Bruno-, te llama alguien desde algún lugar en el que está renaciendo el interés por tocar las campanas. En mi caso han llegado a llamarme hasta desde la zona de León, pero son cosas muy puntuales».

«Lo cierto -comenta también Bruno- es que, si no va habiendo relevo, yo creo que las campanas dejarán de tocarse, a medio plazo, en gran parte de las parroquias de Galicia. O que si se tocan -explica el campanero- se harán de forma mecánica, automatizada. Cosa que nunca es lo mismo, porque tocar una campana de verdad es algo muy distinto a activar un programa informático que la golpea, monótonamente, con un martillo».

El mayor de los cuidados

De hecho, dice Bruno Aneiros, «cuando un campanero hace sonar una campana, sabe lo que hace, y no está golpeando siempre el metal en el mismo lugar. Por fuerte que toque, actúa con el mayor de los cuidados. Sin embargo -advierte el joven-, cuando quien hace sonar la campana es una máquina, la está golpeando siempre en el mismo lugar, martillazo a martillazo, y eso, a la larga, tiene que acabar teniendo consecuencias».

José Rey, párroco en lugares como Serantes, Doniños y Esmelle, reconoce, por su parte, que «cada vez es más difícil» encontrar personas que todavía sepan tocar las campanas y quieran hacerlo. También él lamenta que el inmenso patrimonio inmaterial que gira en torno a los toques de campanas se vaya perdiendo. Pero lo reconforta saber que, al menos, en todas sus parroquias las campanas sigan sonando. Si bien es cierto que en algunas de ellas, como la de Serantes, los toques ya se activan mediante un programa informático. Cosa que no sucede, recalca, en otras parroquias, como en Esmelle.

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