El coronavirus hace caer en picado el tráfico de personas para la prostitución

La actividad en pisos privados ha bajado y los clubes han limitado sus horarios


Ferrol

El ejercicio de la prostitución ha experimentado un notable descenso en la comarca de Ferrol a raíz de la pandemia del coronavirus. Así lo atestiguan miembros de las fuerzas de seguridad encargadas del control de extranjería y de la explotación sexual. No obstante, confirman que en los pisos destinados a la prostitución, que en España está en una situación alegal -no se puede sancionar cuando se ejerce libre y voluntariamente-, sigue habiendo actividad, y algunos clubes de alterne también han reabierto, aunque con los horarios de los locales de copas, por lo que cierran a la una de la madrugada.

El motivo de este descenso radica en que la entrada de extranjeros en España está muy controlada a raíz del covid-19. Hasta la llegada de la pandemia, los proxenetas introducían en el país a mujeres de otras nacionalidades a través de cartas-invitación o haciéndolas pasar por turistas, pero esas entradas ahora están más controladas. De hecho, desde muchos países ya no se puede viajar en la modalidad de turista y solo está permitido en una decena, aunque conseguir los visados resulta más complicado. De ahí que las actividades relacionadas con la prostitución se están limitando a las personas que ya estaban aquí antes de la declaración del estado de alarma por la pandemia, por lo que el movimiento es mucho menor y prácticamente limitado a los pisos.

«Lo único positivo del covid»

En consecuencia, la trata de seres humanos y la explotación sexual han descendido. «Es lo único positivo que trajo la pandemia», manifestó a este periódico un miembro de los equipos encargados de luchar contra este tipo de actividades delictivas. No obstante, añade que también ha derivado en que las mujeres que ya estaban siendo explotadas sexualmente hayan visto incrementada su situación de precariedad, «porque las víctimas que están aquí irregularmente ahora ya ni siquiera tienen trabajo».

El hecho de que los proxenetas tengan más difícil traer a mujeres del extranjero implica, además, un menor trasiego del que solía haber de un piso a otro, porque lo habitual era moverlas de residencia e incluso de ciudad cada cierto tiempo, a veces cada dos semanas, para tratar de burlar de este modo la acción de la Policía.

Otra consecuencia directa de la situación sanitaria actual es una mayor dificultad del trabajo policial en las investigaciones para tratar de localizar a las víctimas de explotación sexual, porque para poder intervenir en los pisos utilizados como prostíbulo se necesita que alguna de ellas lo denuncie. Y es que una de las condiciones imprescindibles para perseguir estos delitos es la visibilización de los mismos.

Redadas policiales

En los clubes de alterne, la Policía Nacional y los inspectores de Trabajo realizaron una gran labor en la zona de Ferrol en los últimos años, ya que, a base de muchas inspecciones y la imposición de multas, habían logrado regularizar, casi por completo, la situación de las personas que trabajaban en los mismos, en la línea de que tuvieran contratos como camareras de alterne y fuesen dadas de alta en la Seguridad Social.

Sin embargo, en cuanto a la actividad en los pisos, para que se autorice una intervención policial es necesario que exista la denuncia de una víctima de explotación sexual.

Las redadas policiales habían logrado antes de la pandemia que de los 15 clubes de alterne que había hace dos décadas, diez de ellos hubiesen cerrado. Tras el confinamiento reabrieron tres o cuatro, como es el caso del Noray, pero trabajan con el horario de los locales de copas.

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