El turismo local mantiene a flote las escuelas de surf de la comarca

Los centros orientados al cliente internacional padecen cancelaciones

La distancia social, medida clave en los cursos impartidos.
La distancia social, medida clave en los cursos impartidos.
B.C.
FERROL / LA VOZ

Pese a contar con una reapertura en una etapa del año favorable, las escuelas de surf se enfrentan a los dilemas económicos y las precauciones sanitarias inherentes ya a la «nueva normalidad». Las que han podido volver a funcionar incorporan la distancia social como una medida central que se mantiene en todos los procesos de las clases de surf, tanto en la recogida de los equipos como durante el desarrollo del curso en la playa o en el agua. Para controlar mejor el cumplimiento del protocolo sanitario, los monitores han optado por grupos más reducidos, de un número inferior al habitual. «Normalmente, podríamos trabajar con grupos de cien personas, pero ahora los dividimos e impartimos los cursos con 25», explica Iván Manso, propietario de Valdo Surf School.

Las medidas sanitarias dilatan el tiempo de las clases, pero se mantiene la mascarilla incluso a la hora de equiparse con el traje de neopreno. Los clientes también deben cubrir un formulario previo, donde se les informa del protocolo que se ha establecido por parte de la Federación Española de Surf. Valentina Learreta, secretaria en Spot Surf School, explica que en la escuela también «se les toma la temperatura a los clientes antes de las clases. Si la persona tiene más de treinta y siete grados, ya no se le permite participar».

Precisamente, las escuelas que se encuentran operativas pueden capear el temporal gracias al turismo de proximidad. «Traballamos, sobre todo, con xente local», declara David Pardo, profesor en Alawa Surf Camp. De igual manera que sucede en otros negocios, como las librerías, la relación entre la empresa y el público local es fundamental en el actual panorama socioeconómico, y es lo que permite superar las expectativas iniciales. Algunas escuelas centradas en clientes internacionales, como Camino SurfCamp Galicia, ni siquiera retomarán la actividad este verano, con todo cancelado tanto para julio como para agosto. Peter Peherstorfer, trabajador de esta escuela, explica que la vuelta, en todo caso, se plantea para octubre, si los rebrotes en Europa central lo permiten. El público extranjero, explica Peherstorfer, está siendo prudente con la posibilidad de que haya otra ola de coronavirus.

La iniciación

La oferta en las escuelas se centra, sobre todo, en los cursos de iniciación, aunque también trabajan con intermedios y de perfeccionamiento. Otros servicios, como el alquiler de material, o se han descartado o se someten a una vigilancia muy estricta, con pulverizadores específicos para neoprenos y tablas. David Pardo, de Alawa Surf Camp, explica que en su caso «nin sequera hai demanda de alquiler de equipos».

Iván Manso, dueño de Valdo Surf School, hace hincapié en la importancia de la etapa estival para las escuelas. «Es el colchón que nos permite aguantar el resto del año», declara. A partir del 15 de septiembre comienza una temporada enfocada más bien a lo profesional, con caída de los ingresos. Y por eso la incertidumbre de un rebrote es aún mayor; si el verano, por cuestiones sanitarias, sale mal, no habrá ninguna base económica para operar el resto del año en las escuelas de surf. De momento, el público local responde, pero es imposible hacer previsiones a medio o largo plazo por la situación tan cambiante de la crisis sanitaria derivada del covid-19.

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