La Tierra de Escandoi y sus campanas, y con ellas toda Galicia, pierden a Julio López Allegue

Impulsor del mundo de la cultura, apicultor y extrabajador de Astano, además de campanero, el que fuera histórico presidente de la Sociedad Agarimo de Sillobre falleció esta madrugada

Julio López Allegue en una imagen tomada en el monumental campanario de la iglesia de Santa Mariña de Sillobre, entre las campanas a las que él tanto quería
Julio López Allegue en una imagen tomada en el monumental campanario de la iglesia de Santa Mariña de Sillobre, entre las campanas a las que él tanto quería

Las campanas de Galicia están hoy muy tristes, porque ha fallecido Julio López Allegue, O Noso Julio, Julio de Remedios. Y especialmente tristes, de hecho más tristes que ninguna otra, están las campanas de Santa Mariña de Sillobre, que en mil sentidos eran las suyas, y que hace apenas unos instantes estaban tocando por el eterno descanso de su alma. Julio, mi gran amigo Julio, Julio o das Abellas, falleció al otro lado del país, a orillas del Mediterráneo. Pero su corazón seguía estando aquí, en esta Tierra de Escandoi que tiene su corazón en Sillobre y que pertenece tanto al mundo de los sueños como al reino de los mapas. Y será precisamente aquí, entre los suyos, donde su recuerdo permanecerá para siempre.

Con el mundo de la cultura

Trabajador de Astano durante largos años, ya desde su juventud desempeñó un papel esencial en el movimiento cultural de Ferrolterra. En especial desde la Sociedad Agarimo de Sillobre, que él presidió en momentos fundamentales para la entidad (por ejemplo, cuando se inició la construcción de su sede) y de la que, además, fue directivo en diferentes etapas.

Desde Agarimo impulsó ámbitos como los del teatro, el folklore, la recuperación del patrimonio fotográfico, las publicaciones, la historia y, en general, el de la cultura gallega, fomentando el amor por la lectura entre personas de todas las edades mediante la creación de bibliotecas e impulsando actividades vinculadas al mundo del libro. Y compatibilizó, todo ello, con sus tres grandes pasiones: el amor a la naturaleza, el mundo de las abejas -fue uno de los grandes protagonistas de la modernización de la apicultura gallega- y, en especial, las campanas

En el campanario

Sentía un inmenso amor por las campanas. Sabía muy bien que tienen alma propia y que no hay dos iguales en el mundo.Tocaba las campanas maravillosamente (como su hermano Juan y su hermana Pepucha, ya fallecidos ambos también, y como su sobrino Bruno, que aprendió junto a todos ellos), y hace un par de años aún tuvo fuerzas para organizar, precisamente en Sillobre, un curso destinado a dar a conocer, entre los jóvenes, el viejo arte de los campaneros.

Era un hombre de una generosidad inmensa. Un hombre que vivió para los demás, como todos los hombres buenos. Por él ya hablan su legado y su vida, así que de bien poco vale cualquier cosa que yo pueda decir en este momento. Soy consciente de ello. Pero, aun así, no quiero dejar de dar testimonio del privilegio que para mí ha sido ser su amigo siempre.

Hasta en el último rincón de Galicia

Cierro los ojos... y me invaden los recuerdos. Julio, que era del lugar de Pedre, y que había nacido a menos de un centenar de pasos de la iglesia cuyas campanas lloraban hoy por él, era una de esas personas que hacía que,con su mera presencia, los días siempre fueran mejores. Padre de dos hijos, Julia y Gustavo, conocía hasta el último rincón de Galicia perfectamente, y no había lugar en el que no fuese recibido con verdadero afecto. Durante estos últimos meses, cada vez que hablábamos por teléfono me recordaba lo mismo: que el Día de San Ramón, el 31 de agosto, teníamos que llevarle una vela, como cada año, en Sillobre, ao Noso Santiño.

Los caminos de vuelta

Los acontecimientos se han precipitado,y ahora Julio de Remedios habita lo que nosotros llamamos muerte, pero créanme si les digo que no se ha ido. Porque la muerte, en el fondo, no existe. Y como él, nuestro gran amigo Julio, aparece en las primeras páginas de Al Rey de los Ángeles llevándole esa vela a San Ramón en Sillobre, y al final de esa misma novela acompañando a los Reyes Magos cuando vuelven a Galicia y pasan por Mondoñedo, donde le entregan a Cal Pardo el manuscrito del Quijote (Don Enrique le quería mucho a Julio, también, y a estas horas los dos estarán hablando de campanas en el Cielo), yo le pido a Dios, a Noso Señor, que cada día de San Ramón, aunque nosotros todavía no podamos verlo, y también cada Noche de Reyes, Julio de Remedios o das Abellas, Julio López Allegue, vuelva hasta aquí, y que pueda subir de nuevo al campanario de Santa Mariña de Sillobre, y que nunca dejen de brillar por él, en esa Vía Láctea que nos señala el Camino de Santiago, las estrellas. Ata sempre, meu amigo! Que sexa leve sobre ti a terra!

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