«Sentirnos útiles reconforta mucho»

Los drogodependiente internados el centro terapéutico de Asfedro en O Confurco colaboran en la crisis sanitaria lavando la ropa de las personas sin hogar alojadas en la Casa do Mar

En la imagen, usuarios del centro de O Confurco, preparando la ropa de las personas sin hogar de la Casa del Mar
En la imagen, usuarios del centro de O Confurco, preparando la ropa de las personas sin hogar de la Casa del Mar

ferrol / la voz

«En Asfedro solemos hacer llamamientos para que la gente se solidarice con la entidad y apoye nuestra labor, pero cuando las cosas están mal para todos, también nos gusta arrimar el hombro y ayudar en lo que podamos». La frase sale de boca de la trabajadora social Helena Insua y resume bien el espíritu de la iniciativa que la Asociación Ferrolá de Drogodependencias (Asfedro) ha puesto en marcha a raíz de la crisis desatada por el coronavirus.

El personal y las dieciséis personas que se encuentran ingresadas en la comunidad terapéutica que la entidad comanda en O Confurco (Doniños) siguen luchando contra las adicciones sin descanso a pesar de la pandemia, pero ahora, a los quehaceres diarios de limpieza, cocina y cuidado de la huerta que desempeñan los usuarios de forma habitual, se ha sumando una tarea con fines solidarios. Y es que, desde principios de abril, tantos los trabajadores del centro como los drogodependientes que viven y reciben allí tratamiento se encargan de lavar la ropa de las personas sin hogar que se encuentran alojadas en el albergue temporal de la Casa del Mar de Ferrol.

«Nosotros necesitamos ayuda, que nos den una oportunidad, pero aquí también hemos aprendido a empatizar con los demás y a ser más sensibles con las necesidades de los demás. Por eso estamos tan contentos de poder colaborar. Sentirnos útil reconforta mucho», comenta José Luis, una de las personas que se encuentran ingresadas en el recinto de O Confurco.

Según explica Helena Insua, los voluntarios de Protección Civil se encargan de llevar los cargamentos de ropa a O Confurco cada jueves, y el viernes, tras haber pasado por la lavandería de la comunidad, las prendas se llevan de nuevo a la Casa del Mar, donde, al igual que en el albergue Pardo de Atín, Asfedro también se ocupa de hacer el seguimiento psiquiátrico de las personas sin hogar que presentan algún tipo de drogodependencia.

Por lo demás, el día a día en O Confurco continúa con total normalidad, aunque el coronavirus ha obligado a tomar algunas medidas. Ahora solo trabajan dos personas por turno (cuando antes lo hacían cuatro o cinco), mientras que otros empleados se han pasado al teletrabajo. Y las visitas de familiares se han suspendido, como también se han suprimido las salidas quincenales o semanales que se permitían a los usuarios en fases de tratamiento ya avanzado.

«No quiero que la droga vuelva a dominar jamás mi vida»

José Luis es una de las dieciséis personas que se encuentran internadas en O Confurco para ganarle la batalla a las drogas. En su caso, a la cocaína y el alcohol. El tratamiento suele duran unos seis meses, y en estos momentos, este vigués de 39 años ya se encuentra muy cerca de la meta final: «Llevo aquí cinco meses y tres días, pero no sé cuándo podré salir. En cualquier caso, solo lo haré cuando los profesionales que me atienden crean que estoy preparado. No tengo prisa. Si tengo que alargar la estancia, lo haré, porque no quiero que la droga vuelva a dominar jamás mi vida».

José Luis explica que se enganchó a la cocaína y al alcohol como otros muchos jóvenes. «No quieres, pero al final pruebas por hacerte el machote, por no sentirse excluido del grupo y para que los demás piensen que eres guay y no un rajado, sin sospechar a lo que eso te puede llevar», comenta. En su caso, las drogas lo llevaron a alejarse de su familia y de sus amigos, a no preocuparse ni de su higiene y a dejar su negocio al borde de la ruina. Hasta que tocó fondo y buscó ayuda en O Confurco, donde, dice, se ha convertido en un hombre nuevo. «Yo quiero un cambio en mi vida y aquí me han dado herramientas para conseguirlo. He aprendido a gestionar mis emociones, a tener paciencia y a controlar mi impulsividad».

«Necesitamos test para poder admitir nuevos ingresos»

El psiquiatra Alfonso García Carballal es el director del centro terapéutico de O Confurco. Hace ya casi treinta años que Asfredo abrió las puertas de este centro, cuyos usuarios, al igual que el resto de la población, también han visto alterada sus rutina por el coronavirus.

-¿Se podría pensar que las personas ingresadas en O Confurco llevan mejor el confinamiento porque ya estaban aisladas antes de la crisis?

-Al contrario, es al revés. Hay que pensar que estas personas, cuando ingresan, tienen que estar aisladas completamente durante un mes y medio, algo que ya es muy duro de por sí, pero luego, a medida que avanza el tratamiento, pueden recibir visitas de los familiares y también se les permiten algunas salidas. Ahora ya no tienen ese aliciente y eso provoca desánimo.

-¿Cómo se combate eso?

-Nosotros estamos incidiendo mucho en que vean la parte positiva de estar en O Confurco, porque allí disponen de amplios espacios al aire libre y zonas verdes. Además, hemos reforzado las actividades más lúdicas, permitimos que se hagan más videollamadas y estamos fomentando mucho el sentimiento de grupo, porque ver que tienes el respaldo de tus compañeros en estos momentos ayuda mucho.

-¿Qué es lo que más precisan en estos momentos?

-Como centros sociosanitario, necesitamos test. Y no solo para garantizar la seguridad en el centro, sino también para poder admitir a nuevos usuarios. Cuando estalló la crisis había veinte personas en lista de espera.

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