El Refugio lleva diez días abarrotado e incluso ha usado camas supletorias

Cáritas colabora para dar cobijo a personas sin hogar que llegan de otras ciudades


Ferrol

Diez días a tope y sin perspectivas de que la situación mejore. Así se encuentra el Refugio para personas sin hogar de Caranza, donde incluso se han echado mano de camas supletorias y otras medidas para no dejar a nadie en la calle. «Han sido días complicados, pero podemos decir que no hemos dejado a nadie en la calle », explica Alberto Lens, el responsable de una entidad que ya se rearma cuando aparece el frío, porque la demanda se incrementa.

Tanto esta entidad como Cáritas han activado un plan de emergencia que articulan gracias a una colaboración que permite que en Ferrol los plazos para permanecer en el Refugio no sean tan rígidos como en otras ciudades: «Somos la ciudad en la que más tiempo se pueden quedar acogidos», explica Carmela Primo de Cáritas Ferrol.

Efecto llamada

Los responsables de las dos entidades sociales reconocen que la cobertura que se da en la ciudad genera un efecto llamada de personas sin hogar que están en otras urbes con menos prestaciones. «Los espacios de A Coruña y Santiago están mucho más saturados y la vida en esas ciudades es mucho más cara para unas personas que cobran como mucho 400 euros de Risga», precisa Primo, que asegura que las pensiones más económicas a las que pueden recurrir personas en esta situación rondan los 250 euros mensuales.

Mohamed Ghazali: «El albergue está bien, pero a las ocho de la mañana vuelves a estar perdido en la calle»

Bea abelairas

Este miércoles estrenó casa tras pasar más de nueve meses pernoctando en el Refugio de Caranza

Cáritas cuenta con cuatro pisos de acogida en los que alberga a 13 personas. Algunas son las mismas que llegan a pedir cama al refugio y que entran en el programa de acogida. Mohamed Ghazali pasó más de nueve meses en el refugio y abre una nueva etapa en uno de estos pisos. De hecho, ayer fue su primera noche en esta casa: «En el albergue estaba muy bien, pero solo podía ir a las siete de la tarde y a las ocho de la mañana ya estaba perdido en la calle», cuenta. Sus planes para esta mañana son dormir en su propia cama hasta las diez y desayunar con calma. «Hasta ahora ha sido madrugar y caminar mucho, porque en el Refugio me tenía que levantar a las siete de la mañana y caminar desde Caranza hasta Cáritas, donde ayudaba como voluntario para tener mi tiempo ocupado para volver después a Caranza», explica poco después de terminar de ayudar en el servicio de cafetería.

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