Cada vez que abre una librería en la provincia cierran tres

La crisis, el libro de texto, la venta por Internet o los cambios culturales han golpeado al sector, que resiste casi por vocación


FERROL

En el último lustro han cerrado 20 librerías en la provincia y han abierto siete, según los datos facilitados por la Federación de Librarías de Galicia, de la que forman parte más del 90 % de las existentes (144, de las que 55 son coruñesas). Por cada nuevo establecimiento dedicado a la venta de libros se clausuran tres. «Desafortunadamente, muy pocas triunfan. Los que llevamos muchos años resistimos, pero las nuevas... Llega un momento en que los números no salen», lamenta Pilar Rodríguez (Ourense, 63 años), presidenta de la FLAG y responsable de Padre Feijoo, con 65 años de historia, y Platero, ambas en su ciudad.

«Muchas desaparecen porque no tienen continuidad; yo regento la librería que me dejaron mis padres, pero yo ya no se la voy a dejar a mi hija, porque una para sus hijos quiere lo mejor. Ahora estamos sobreviviendo para llegar al final con dignidad. La trayectoria no vale para vivir, tienes que hacer unos esfuerzos impresionantes, que no interesan», resume. El sector ha recibido golpes por todos los costados. «Los libros de texto, en Galicia, nos daban un oxígeno fuerte, pero cuando dejó de haber un precio fijo fue la primera patada, y desde que la Xunta tiene el sistema de préstamos, no los compra ni quien tiene recursos», explica.

Las ventas por Internet representan una competencia creciente. No así el libro electrónico, «que alcanzó porcentajes muy pequeños en España y ya está a la baja». La crisis económica no acaba de ceder -«es el factor más perjudicial, el libro es material prescindible», opina Rodríguez- y los cambios culturales se agudizan -«el libro requiere pensar y estamos en los tiempos de la inmediatez», reflexiona-.

A esta librera apasionada del oficio le pone «los pelos de punta» ver que una familia antepone la compra de una mochila de marca a un manual. «¿Qué mensaje se está transmitiendo?», se pregunta. «Siempre hemos tratado con lo mejor de la sociedad, los niños, pero ahora prefieren la maquinita...», comenta, apenada.

Pero no todo está perdido: «Es el negocio más bonito del mundo, tratas con gente maravillosa, aprendes muchísimo de tus clientes, los niños que vienen contándote un cuento no te dejan envejecer... Que alguien venga, al cabo de los años, y te recuerde que le recomendaste un libro es precioso; y yo me levanto todas las mañanas con ganas de volver, te da mucha vitalidad».

El problema, sintetiza Rodríguez, «es vivir». «Si quieres comer tienes que vender el premio Planeta, aunque seas experto en cine... Las aventuras [librerías temáticas especializadas] pocas veces funcionan, si quieres que salgan las cuentas tienes que pasarte a la generalista. O eres capaz de dar un giro inteligente o nada». Pese a todo, «crea adicción».

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