Emergencias


Ferrol

Los españoles somos muy de proclamar emergencias. Los titulares de los periódicos, las cabeceras de los telediarios y los boletines oficiales están llenos de emergencias. En realidad, los españoles somos un tanto pendulares, ciclotímicos, obsesivo-compulsivos o maníaco-depresivos. Vamos, que pasamos de no hacer nada a declarar emergencias en menos tiempo del que Rivera cambia de chaqueta. El término para lo primero es el de procrastinación, palabra no muy fácil de pronunciar que significa retrasar las actividades, postergar decisiones ante situaciones que deben atenderse y dedicarse a tareas más agradables en que entretenerse. Mariano Rajoy la traducía en sus grandes principios políticos como: «No adelantemos acontecimientos» y «la mejor decisión es no tomar ninguna decisión». ¡Qué gran pensador hemos perdido! Claro, el paso inmediato se produce cuando uno no se adelanta a los acontecimientos y los acontecimientos le sobrepasan a uno. Ese es el carácter español. En ese momento deviene el toque de corneta, la llamada a rebato o la declaración de los estados de emergencia.

Tenemos de todo tipo. Emergencia demográfica, cuando llevamos 30 años con descenso de los índices de natalidad. Nos acordamos ahora de la España vaciada, el envejecimiento de la población, el crecimiento exponencial de las partidas de las pensiones y los cambios del modelo asistencial. Emergencia climática, a pesar de que algunos políticos conservadores defienden posiciones negacionistas. Ahí tenemos a los simpáticos herederos del aznarismo acuñando el término «camelo climático» y tildando a los científicos (es enorme el caudal de estudios y evidencias contrastadas) de apocalípticos. Emergencia energética y emergencia industrial, ambas vinculadas a la imposibilidad de continuar quemando carbón y combustibles fósiles. Emergencia por contaminación del aire, ya cuantificada en miles de muertos por causas directas de las partículas que respiramos, a pesar de lo cual nuestras ciudades no están alineadas con el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Emergencia social y laboral, derivada de la inexistencia de planes industriales que acompañen a una transición en los modelos de producir y consumir energía. Llegó el momento de cerrar industrias altamente contaminantes y nos han pillado con los deberes sin hacer. Emergencia financiera, declaró la Xunta de Galicia ante el gobierno de Madrid, y emergencia cinegética, para permitir cazar jabalíes, ahora que ya se habían hecho tan familiares paseando por los parques urbanos y comiendo los cultivos familiares a mantel puesto. Pero vamos, que todo se andará, que ya veremos, que hay tiempo, que no nos volvamos locos ni adelantemos acontecimientos.

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