«Comimos en un hotel de Sri Lanka unos días antes de que lo destruyera un atentado»


Si algo tienen claro María Eugenia y Miguel Ángel es la importancia del azar. «Las coincidencias... En San Juan de Puerto Rico estaban en plena fiesta del barrio de San Sebastián, con un ambientazo tan latino que los [pasajeros] anglosajones estaban asombrados, y yo me sentía orgullosísima. En Sri Lanka, comimos en un hotel unos días antes de que lo destruyera un atentado», cuenta esta mujer entusiasta, que recomienda la experiencia, que ha rondado los 50.000 euros. «La relación calidad precio es buenísima», subraya.

Además de navegar por la Polinesia francesa, avistar ballenas en el cabo San Lucas (México), recorrer la bahía de Phang Nga o la isla de Phuket (Tailandia), atravesar el canal de Panamá o sorprenderse «de la arquitectura y la modernidad» de Dubái, María Eugenia se queda con «la comodidad» de un viaje tan largo en un crucero y con la oportunidad que brinda de «conocer gente, hacer vida social y divertirse». «La mayoría éramos mayores de 50 años, en un ambiente tranquilo, elegante, fantástico... Había incluso gente muy mayor, con dificultades de movilidad o enfermos con tratamiento de quimioterapia, que iban a disfrutar hasta el final», elogia.

El Citroën dos caballos

De solteros, esta joven pareja viajaba con otros amigos en un Citroën dos caballos. Ahora piensan en «ahorrar» para una nueva aventura, quién sabe si tan ambiciosa como la vuelta al mundo (un matrimonio vasco al que conocieron en el crucero ya lo había hecho cuatro veces), «y mientras tanto, el Imserso [risas]». Viajar «te abre mucho la mente», sentencia María Eugenia; y hacerlo navegando supone «una desconexión tan buena para la mente, vives como en un mundo aparte». Por suerte, el tiempo les sonrió durante los cuatro meses de travesía.

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«Comimos en un hotel de Sri Lanka unos días antes de que lo destruyera un atentado»