«En Senegal no es raro encontrarse con una tibia al aire o llena de bichos»

La ferrolana Teresa Martínez lleva cinco expediciones a países de África y América

C. L.
Ferrol

Teresa Martínez (Ferrol, 1968) ha pasado la mitad de sus últimas vacaciones desempeñando el mismo trabajo que la ocupa en el hospital Arquitecto Marcide: operar. Sin embargo, estas no fueron cirugías rutinarias. Junto a un equipo de otros seis profesionales médicos, Teresa viajó a Senegal para intervenir a decenas de niños con patologías que mermaban gravemente su calidad de vida. Antes había estado en cuatro ocasiones en un hospital de Nicaragua, prestando servicios similares. Aunque reconoce que el trabajo es duro, no tiene en mente desistir, y anima a colaborar con la causa.

-¿Cúanto dura cada expedición?

-Normalmente pasamos allí dos semanas. Nos gustaría que fuese más tiempo pero, hasta ahora, hemos aprovechado nuestro tiempo de vacaciones.

-¿A cuánta gente pueden intervenir en este período?

-Depende mucho de la campaña, pero suelen oscilar entre 40 y 60 cirugías. Gran parte del tiempo que pasamos allí se va en consultas para cribar a qué personas vamos a intervenir.

-¿Cómo es ese proceso?

-Primero ponemos atención en que la patología de la persona entre en nuestra especialidad, porque es habitual que vengan pacientes con enfermedades no relacionadas con la ortopedia infantil. Luego ya depende de los medios con los que contemos, que no siempre son ideales. Intentamos realizar intervenciones que necesiten poco seguimiento.

-¿Qué condiciones tienen allí?

-Antes de iniciar una expedición nos aseguramos de que vayamos a contar con unas instalaciones en las que podamos operar. Sin embargo, en estos países siempre surgen imprevistos, por mucho que lo prepares de antemano. Una vez, en Senegal, se nos terminó el oxígeno.

-¿Qué intervenciones realizan de forma más habitual?

-Lo más frecuente son las deformaciones en pies y manos. Muchos niños las padecen como secuelas de parálisis cerebrales. Esta es una problemática recurrente en estos países, porque muchos embarazos no son controlados y los fetos sufren.

-¿Es un problema recurrente en Senegal y Nicaragua?

-Sí. Además, en Senegal hay muchísimas infecciones óseas. Suelen derivarse de fracturas abiertas que no se tratan adecuadamente. No resulta extraño encontrarse con una tibia al aire o llena de bichos. En estos casos lo mejor suele ser amputar, pero la familia se niega porque los lisiados están muy mal vistos en las tribus.

-¿Cómo los tratan los locales de estos países?

-La población de estas zonas suele ser muy necesitada ,por lo que nos reciben con mucho agradecimiento. Con respecto a los profesionales y la dirección de los hospitales la cosa puede variar. En algunos casos nos han tratado con recelo.

Las campañas. Sirven para operar a niños de países desfavorecidos.

Las intervenciones. Atajan deformidades e infecciones óseas.

La financiación. Escasa, llega a través de la oenegé Solidariedade Galega

«No hay recursos para llevar a todas las personas que quieren ayudar»

-¿Cómo financian sus viajes y estancias en estas expediciones?

-A través de nuestra oenegé, Solidaridade Galega, a la que nosotros mismos aportamos cuotas. También recibimos el apoyo del Concello de Oleiros y del hospital Arquitecto Marcide, además de los particulares que donan voluntariamente a la causa. Sin embargo, al ser una oenegé pequeña, muchas veces tenemos que pagarnos los pasajes o el hotel nosotros mismos. No somos Médicos Sin Fronteras, aquí la realidad es otra. Llevamos el instrumental médico en la maleta.

-¿Qué le empujó a trabajar en estos países?

-Me llega por el boca a boca. Un compañero de A Coruña con el que coincidí trabajando me habló del proyecto. Él llevaba tiempo yendo y yo decidí sumarme.

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